Balance final de las protestas: la policía gana la delantera, pero Macron es un cadáver político

José González
El Daily Stormer
9 diciembre, 2018

Las protestas de ayer han sido las mejor organizadas y las más violentas hasta el momento, pero han sido repelidas de todos modos por el Gobierno gracias a un enorme dispositivo policial, que ha incluído una docena de vehículos blindados en la capital, por primera vez en cuatro décadas.

Más de 1.700 personas han sido detenidas.

El Mundo:

Las autoridades francesas querían evitar otro “sábado negro” y que no se repitieran altercados violentos como los del pasado 1 de diciembre en la capital francesa. Para ello, Francia ha desplegado 89.000 policías, 8.000 de ellos en París. También había vehículos blindados en la capital francesa.

1.723 personas han sido detenidas en todo el país, de las que unas 673 sólo en París. Hay 96 heridos, entre ellos 10 policías, según informa la prensa local. El pasado sábado el número de heridos ascendió a 201 manifestantes y 284 policías.

Puede que el Gobierno haya ganado la partida en las calles, pero Macron ha perdido la batalla por los corazones de los franceses. Si el Gobierno aún no ha caído ha sido gracias al apoyo de la élite judía que domina el país, que controla todos los grandes medios de opinión.

A pesar de los esfuerzos de la prensa por blanquear la figura de Macron, según un sondeo de YouGov publicado el pasado jueves, su popularidad se encuentra por los suelos: solo un 18% de la población le sigue apoyando.

Aún no se ha pronunciado a la nación, aunque tiene previsto hacerlo mañana lunes. Diga lo que diga, va a desatar un nuevo torrente de odio en Francia, porque el principal motor de las protestas es la figura arrogante y elitista de Macron.

Macron no es un hombre del pueblo. Es literalmente un tiburón financiero que se hizo multimillonario trabajando para el Banco Rothschild, que lo reclutó por recomendación del judío Alain Minc, que trabajaba entonces en el Consejo de Supervisión de Le Monde, el diario más grande de Francia. Haciendo las veces de mentor y amigo, Minc movió los hilos necesarios para catapultar en las elecciones de 2017 a este perfecto desconocido, durante una campaña en la que todos los candidatos del Establishment habían caído en desgracia por escándalos de corrupción.

¿Cómo conoció Alain Minc a Macron? Lo reveló el mismo en una entrevista al diario británico Evening Standard.

Evening Standard:

Nacido en París de un padre que incursionó en el comunismo, Minc todavía vive allí con su esposa, Sophie Boisnard. Es pequeño, alegre y combativo, con un inglés excelente y muy acentuado.

Alain Minc junto a su esposa.

Nos reunimos en la oficina de un amigo en St. James, entre los clubes de caballeros y el Ritz, bastante bien en la base londinense de la élite mundial.

Vuelven atrás, este diminuto economista y el nuevo presidente de Francia. “Fui su mentor en un club muy elitista, los inspectores de finanzas”, un alto rango en el sistema administrativo francés.

La relación de Alain Minc con Emmanuel Macron, el nuevo presidente francés, probablemente se describe mejor por el hombre mismo

“Soy un tío, un tío adoptado”, dice Minc alegremente. “Cuando no me gusta algo que ha hecho, le envío un mensaje de texto, firmado” tu tío decepcionado “”.

“¡Macron, puta de los judíos!”

Más tarde, él dice: “Hablo con él libremente … eso ocurre muy raramente en el sistema francés”.

De hecho, Minc, de 68 años, habla con bastante libertad en todas partes; es exaltado incluso cuando habla de Brexit. Es imposible precisarlo: asesor presidencial (para Nicolas Sarkozy antes de Macron), economista, consultor político y un hombre al parecer con un dedo en cada pastel, con contactos para igualar: Peter Mandelson es un amigo cercano.

El pueblo francés odia a Macron, porque no representa los intereses franceses, sino los de una élite judía que lleva siglos intentando imponer una agenda globalista que choca frontalmente con los intereses de todos los pueblos, salvo el judío.

Macron tuvo la arrogancia de despreciar al pueblo francés afirmando, entre otras cosas, que no tendría en cuenta la opinión de los franceses a la hora de implementar sus reformas, haciendo honor al concepto de ‘democracia’ de los judíos. Es decir, la ‘democracia’ existe solo cuando el Gobierno defiende los intereses judíos primero, en último lugar los del resto de la población. Cualquier otra variación es descrita en la prensa internacional como un avance del ‘autoritarismo’, o directamente una ‘dictadura’, cuando los judíos pierden definitivamente el control sobre la nación.

A pesar de haber dado marcha atrás en la subida de impuestos a los carburantes, el Gobierno de Macron está tocado de muerte. Va a tener que dimitir; si se niega, le obligarán a hacerlo mediante una moción de censura. Además, a los judíos tampoco les interesa tener a un zombi al frente del Gobierno, porque una figura tan impopular como Macron no va a poder llevar a cabo las reformas necesarias para avanzar su agenda globalista.

Macron, c’est fini.

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