Una negra conmemora a los caídos en la Primera Guerra Mundial

José González
El Daily Stormer
12 noviembre, 2018

No tengo palabras para describir la rabia que siento.

Esta ceremonia debía rendir homenaje a los millones de europeos caídos en la Primera Guerra Mundial. En vez de eso, lo que han hecho ha sido celebrar nuestro genocidio bailando sobre sus cadáveres.

Los judíos no se contentan con destruir Europa. Necesitan además restregárnoslo por la cara, siempre que tienen ocasión.

La Primera Guerra Mundial fue una guerra entre pueblos hermanos, en la que el vencedor final fue el judío y solo el judío.

¿Qué ganamos los europeos?

Lo único positivo fue la caída del Imperio austrohúngaro, un régimen político ‘multicultural’ decrépito que oprimía a la minoría alemana, a la que debía su cultura y esplendor, como hoy la UE nos oprime a los europeos. De todos modos, habría caído igualmente, con o sin guerra.

El Imperio alemán, en cambio, fue derrotado y humillado, no en el campo de batalla, sino gracias a una revolución comunista interna liderada por una camarilla de judíos que detestaba la Alemania patriota y orgullosa de principios del SXX, del mismo modo que nos odian a nosotros, sobre todo si tienes a un Salvini defendiendo los intereses nacionales.

Wikipedia:

Para socavar aún más la credibilidad de la República, los extremistas de derecha (especialmente algunos miembros del cuerpo de oficiales anteriores) utilizaron la Dolchstoßlegende para culpar a una supuesta conspiración de socialistas y judíos por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, en gran medida aprovechando el hecho de que ocho de los diez líderes de la revolución comunista eran judíos.

Ocho de diez líderes de la revolución comunista en Alemania eran judíos, pero que los alemanes culparan a los judíos de la revolución es calificado de ‘teoría de la conspiración antisemita’.

De hecho, no fueron ocho, sino nueve. Y hay rumores de que Clara Zetkin también tenía raíces judías.

Los europeos perdimos lo mejor de nuestra raza en el campo de batalla; fue una tragedia de la que aún no hemos podido recuperarnos.

Los judíos, en cambio, arrebataron al Imperio otomano Palestina, por medio del Imperio Británico, que estaba tan dominado por intereses judíos antes, como ahora.

Antes siquiera de hacerse con Palestina, el Primer Ministro Arthur Balfour firmó en 1917 la famosa Declaración Balfour, escrita a modo de carta privada a Lord Rothschild. En ella prometió su apoyo al establecimiento de un ‘hogar nacional’ para los judíos en la región.

Conmemoración del centenario de la Declaración Balfour en 2017.

Pero el Imperio Británico no cedió Palestina a los judíos definitivamente hasta después de la Segunda Guerra Mundial, después de que Weizmann, líder sionista durante las dos guerras mundiales —acabaría convirtiéndose en el primer presidente de Israel—, cumpliera la promesa que hizo a Churchill en 1941 de involucrar a EEUU en la Segunda Guerra Mundial, señalando que ya lo habían hecho una vez, y podían volver a hacerlo. Literalmente.

Churchill’s War Vol II, capítulo 5: ‘We Did It Before – and We Can Do It Again!’

Hasta la primavera de 1941 las alternativas que la los sionistas se habían ofrecido a Churchill había sido más un palo que una zanahoria. Por ejemplo, la amenaza de que podrían fomentar más disturbios en todo Oriente Próximo. En septiembre de 1941, sin embargo, comenzaron a cantar una melodía más seductora, prometiendo usar su influencia en Washington para involucrar a los Estados Unidos en la guerra. “Lo hicimos antes”, le dijeron a Churchill. “Podemos hacerlo de nuevo”.

Israel se ha fundado con la sangre de decenas de millones de europeos.

Y los judíos nos lo agradecen despreciando a nuestros muertos de la forma más obscena.

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