Repugnante zorra judía denuncia manifestantes contra doctrina de género por decir la verdad

José González
El Daily Stormer
4 noviembre, 2018

Natalia Volosin es una repugnante zorra judía que emplea el pasaporte argentino para subvertir, atacar y corroer los pilares de la república para el beneficio de la comunidad judía internacional.

Como la inmensa mayoría de los judíos en la diáspora, Natalia defiende instintivamente las políticas que destruyen la familia, porque familias desestructuradas crean comunidades disfuncionales, y comunidades disfuncionales engendran naciones impotentes, y las naciones impotentes no pueden hacer valer sus intereses frente a la tribu más etnocéntrica, unida y organizada de la tierra.

Además de promover el aborto, la degeneración sexual y la invasión, su actividad subversiva, a la que se dedica en cuerpo y alma, también incluye perseguir a los argentinos que se atreven a señalar al parásito que mortifica la nación.

Infobae:

Natalia Volosin, Magíster y doctora en Derecho de la Universidad de Yale, presentó hoy una denuncia penal específicamente por las pancartas antisemitas que se exhibieron en la manifestación contra la reforma de la ley 26.150 para su adecuación a la ley de matrimonio igualitario y de identidad de género, que ya obtuvo dictamen de comisión en la Cámara de Diputados.

Son cosas que no podemos dejar pasar, que cada vez son más comunes. El crecimiento del antisemitismo en Argentina en las manifestaciones de este tipo ha ido creciendo. Y no solo del antisemitismo sino en general las manifestaciones de odio, la intolerancia, esta cosa fascista que se ve cada vez más en Argentina y en la región en los últimos tiempos”, le dijo Volosin a Infobae. “Mientras el ordenamiento jurídico diga que eso es un delito, quienes tenemos herramientas para llevar eso a la Justicia creo que tenemos que hacerlo y es una manera de poner el tema sobre la mesa, no ignorarlo y decirle a toda la sociedad que no lo vamos a permitir“, apuntó.

Dice un proverbio ruso que los judíos siempre te hablan de las persecuciones sufridas, pero nunca por qué se produjeron.

Solo un pueblo tan descarado y embustero como el judío es capaz de afirmar con cara de poker, después de haber sido expulsado en más de 300 ocasiones a lo largo y ancho del planeta, que su modo de comportarse no ha tenido nunca nada que ver con el hecho de que casi todos los pueblos que les han acogido hayan decidido mandarles al infierno.

La narrativa que los judíos promueven en los medios de comunicación y entretenimiento, es que nunca han tenido la culpa de nada. Literalmente.

La culpa es de los antisemitas. Y la gente se hace antisemita por envidia, o por creer teorías de la conspiración antisemitas.

Es una conspiración antisemita señalar que los judíos lideran los esfuerzos en Argentina por imponer la ideología de género.

No importa que la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), la primera ONG creada en Argentina para promover la degeneración sexual, fuera fundada y presidida hasta 2010 por una judía (María Rachid), la misma que ocupa hoy la vicepresidencia del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI).

La presidencia del INADI la ocupa otro judío, Claudio Presman, que hace las veces de Secretario del Congreso Judío Latinoamericano. El INADI es básicamente un organismo gubernamental creado para blindar legalmente la agenda diabólica judía, que además de la destrucción de la familia incluye el reemplazo étnico de los argentinos europeos por mestizos y negros.

Voy a intentar no desviarme del tema: gracias a la FALGTB, Argentina aprobó recientemente las leyes de identidad de géneromatrimonio igualitario. Solo con estos datos, comprobables con un par de clicks a través de internet, es muy difícil negar el rol preponderante que juega la comunidad judía argentina en la imposición del marxismo cultural.

Es difícil, sobre todo, porque los judíos ni siquiera se han molestado en ser discretos, como sí suelen hacer en Europa.

A los judíos les aterroriza más que a ningún otro pueblo ser señalados con el dedo, debido a su naturaleza parasitaria.

Del mismo modo que la sanguijuela te inyecta un anestésico para evitar que te des cuenta de su presencia y la apartes de un manotazo, el judío necesita pasar desapercibido para poder drenar la sangre de las naciones sin ser gaseados.

Son una minoría, y como tal, pueden ser aplastados fácilmente por la mayoría gentil. Para evitarlo, necesitan en primer lugar ser invisibles. Esta invisibilidad se ha forzado legalmente por medio de las leyes contra el odio y la discriminación, diseñadas específicamente para proteger a los judíos de la mirada crítica de las masas.

Como minoría, además, solo pueden dominar el poder dividiendo y conquistando. Esta estrategia la han pulido a niveles absurdos con el paso de los siglos: abriendo fronteras, obligando a pueblos radicalmente diferentes a compartir el mismo suelo, para forzar conflictos étnicos y religiosos a conveniencia; enfrentando a mujeres contra hombres, jóvenes contra ancianos; destruyendo familias con el feminismo y la doctrina de género, sembrando el caos y la destrucción en las comunidades, y la ruina nacional.

El verdadero crimen de los manifestantes denunciados por Natalia ha sido señalar con el dedo a la minoría más poderosa del país. No importa que lo que digas sea cierto o no, criticar públicamente a los judíos es ilegal en la mayoría de los países occidentales, un hecho que ya de por sí revela su enorme influencia.

Creo sinceramente que el resentimiento en Argentina a los judíos va a seguir creciendo de forma exponencial en los próximos años. Y no es para menos.

Su error ha sido forzar la degeneración sexual, el femimarxismo, la inmigración y el aborto durante una crisis financiera.

Pero aún más grave es el hecho de que hayan tomado tan pocas precauciones, permitiendo que figuras judías se hayan convertido en la cara más visible de una agenda tan impopular. Lo sorprendente es que en las manifestaciones multitudinarias contra la ideología de género no haya habido más gente pidiendo un pogromo.

El problema en Argentina no es el antisemitismo. El antisemitismo solo es un síntoma.

La enfermedad es el judío.

Comments