Si las ‘noticias falsas’ ponen en peligro la democracia, el problema es la democracia, no las ‘noticias falsas’

José González
El Daily Stormer
29 octubre, 2018

Cuando Trump arrasó en las elecciones primarias de 2016, a pesar de la campaña de difamación sin precedentes por parte de la prensa internacional, el diario semita The New York Times inventó el meme “Fake news” -noticias falsas- para deslegitimar su campaña, y justificar la censura de medios conservadores alternativos, cuya popularidad e influencia creció como la espuma durante los comicios, en gran parte debido al descomunal sesgo anti-Trump de todos los grandes medios de comunicación.

Poco después, toda la prensa de alcantarilla, al unísono, se hizo eco de este meme, publicando desde entonces un sinfín de artículos en los que se exige de forma velada o abiertamente limitar la libre circulación de información para proteger la democracia. El argumento desde luego es fascinante.

Los líderes progresistas señalan que la población no es capaz de distinguir entre noticias falsas y reales. Es decir, los votantes no saben a quién se supone que tienen que votar, y eligen frecuentemente mal la papeleta por culpa de su inmadurez intelectual.

Por otro lado, el régimen político democrático de sufragio universal se basa en la noción de que todas las personas mayores de 18 años son suficientemente maduras -esto incluye su capacidad para discernir entre noticias falsas y reales- para votar.

Por si aún no te has dado cuenta, el meme de “las Fake News ponen en peligro nuestra democracia” pone en entredicho el propio régimen democrático.

Porque si solo sabemos elegir bien la papeleta, informándonos exclusivamente a través de medios de información convencionales, ¿por qué en vez de convocar elecciones, no dejamos que los periodistas de El País decidan por nosotros?

No he venido a defender el sufragio universal. La prensa tiene toda la razón cuando indica que la persona promedio es fácil de manipular. Pero esto no es nada nuevo, ¿por qué se quejan ahora?

El sufragio universal se implantó en una época en la que un pequeño círculo de personas, la élite del país, podía controlar la distribución de información -mediante empresas privadas, públicas, o una combinación de ambas-.

Con el auge de internet, sin embargo, las cosas han cambiado.

Ya no pueden, como antes, moldear la opinión pública sin oposición; el auge de internet ha democratizado este proceso. Por eso ahora, y no antes, se ha comenzado a poner en duda el buen juicio de los votantes.

El problema, por tanto, no son las “noticias falsas”, sino que las masas puedan informarse a través de medios alternativos.

“La libre circulación de información es incompatible con el sistema democrático”.

Con esto admiten que los resultados de las elecciones no representan la “voluntad del pueblo”, sino la voluntad de la élite que controla los medios de información.

Para blindar la democracia, desde los círculos de poder insinúan que hay que volver a la época anterior a internet, cuando un puñado de diarios con licencia estatal para informar podía decir qué pensar y opinar a conservadores y socialistas por igual, garantizando la estabilidad del Régimen.

La idea de que se puede acabar con las Fake News permitiendo solo a diarios convencionales como El País, El Mundo o ABC informar a la población es por supuesto un disparate. La cobertura periodística en España y Latinoamérica de la política internacional, por ejemplo, es para mear y no echar gota -especialmente la estadounidense-. Es un cúmulo de medias verdades y falsedades descomunal. Pero pasa bastante desapercibido para la mayoría por la barrera del idioma.

Pero no es solo en la política internacional. La prensa convencional distribuye información falsa constantemente, y va a seguir haciéndolo, porque su principal función no es informar, sino adaptar los comportamientos y opiniones de la población a los intereses políticos de la élite que controla su redacción.

El sufragio universal se ha convertido en un problema. Pero como todo sistema político, no puede cambiarse de la noche a la mañana; hace falta una revolución. Así que, a falta de poder abolir el sufragio universal, la reacción natural de la élite globalista es arremeter contra la libre circulación de información, censurando internet.

Hoy somos testigos de una élite en estado de pánico, que está perdiendo el control sobre las mentes y corazones de las masas. Y no pueden hacer nada, atados como están a un sistema político tan firmemente anclado en Occidente como es la democracia por sufragio universal. Solo reformarlo llevaría décadas, ya no digamos reemplazarlo por otro.

Es fascinante oírles decir que el acceso libre a la información limita la libertad democrática. Improvisar siempre ha sido muy jodido.

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