Escándalo e Histeria Porque un Colegio Católico Mejora la Igualdad

Octavio Rivera
Daily Stormer
10 de Octubre, 2018

La escala de zorrismo.

Los colegios patriarcólicos no dejan de exprimir a la mujer.

¿Hasta cuándo van a seguir?

¿Cuándo vamos a decir “¡BESTE!“?

Clarín:

El colegio privado y religioso San José de Pilar reemplazó el uso de polleras por pantalones a partir del año que viene. La medida generó repudio entre algunas estudiantes, mientras que las opiniones de los padres están divididas.

¿A quién le importa lo que piensen las estudiantes? El colegio es quien las educa. Para eso lo pagan sus padres.

Netflix todavía no ofrece diploma de estudios.

Un grupo de alumnas, que pidieron reservar su identidad, contaron a El Diario de Pilar que la directora del colegio, una preceptora y un preceptor empezaron a llamarles a la dirección y a medirles las polleras con una regla. Si no tenían el largo “correcto” -cinco centímetros por arriba de la rodilla- se les labraba un acta con la frase “no cumple con el reglamento”.

Así de repente, “empezaron” a fijarse en el largo de las polleras. Sin motivo aparente, porque ellas definitivamente no llevaban la pollera cada vez más corta para ver hasta dónde podían llegar.

Según su relato, las chicas tuvieron una reunión con la directora y el representante legal de la escuela. Allí, el hombre les dijo que “con las polleras provocábamos” y que “no era sexy que las usemos” porque para él “es sexy una mujer con pollera larga” y “que se viste decente”. Además, les indicó “que a futuro nunca usemos escote o espalda descubierta porque no era profesional”.

De un momento para el otro, el colegio reunió a todas las alumnas para decirles que usar la pollera del uniforme de acuerdo con el reglamento “provoca” y que no es “decente”.

Tiene sentido.

Lo que no tiene sentido es que el episodio haya sido causado por un grupo de alumnas que comenzaron a llevar la pollera cada vez más corta a pesar del reglamento del colegio.

Ustedes saben cómo es El Patriarcado.

Lo peor de todo podría ser que el hombre pretendió aconsejar a les mujeres, recomendándoles no vestir como putas porque según él “no es profesional”. Claramente aquel hombre no sabe que la prostitución es una profesión.

Las jóvenes agregaron que quisieron hacer “una ronda” de debate con el resto de los cursos para hablar sobre el tema, pero que las amenazaron con expulsarlas del colegio. “El representante legal nos dijo que no tenía problema en echarnos a todas si nos reuníamos”, señalaron.

Muchachitas, ustedes no van a “debatir” a la institución que está para enseñarles y educarlas, a la cual sus padres le pagan para realizar esas tareas.

Si quieren ser putas, vayan a ser putas a otro lado.

¿Para qué lloriquear, hacer escándalo, quejarse sin parar, para que el lugar se adapte a lo que ustedes piden, como hacen en cualquier otro lugar originalmente masculino que las aceptó?

Las mujeres están buscando límites.

Occidente falla en ponerlos.

¿Se puede culpar a las mujeres, entonces, por buscar a hombres fuertes que sepan decir “no” y ponerles límites, en otros lados?

¿Se las puede culpar por querer inundar nuestros países con hombres musulmanes?

Islam representa todo lo que ellas quieren: hombres que no dudan en golpearlas, castigarlas, y violarlas para obligarlas a cumplir su función, su propósito.

El éxito sin precedente de 50 Sombras de Grey debería ser suficiente para que Occidente entienda que la mujer no quiere lo que dice. Sus palabras poco tienen que ver con sus acciones.

El resto del mundo ya lo entendió hace tiempo.

El representante legal, Mariano García, defendió el cambio de uniforme. Explicó que “es simple, incluso va a ser más sencillo” porque es un pantalón jogging con una chomba bordada con el escudo y con la campera de jogging. “Igual que los varones, va a ser un uniforme unisex, que al mismo tiempo va a ser un ahorro para los padres porque son unos cuantos pesos que se van a ahorrar en zapatos, en medias can can y en polleras. Los padres también eso lo ven como algo positivo”.

Igualdad.

¿No es eso lo que querían?

“Es mentira lo que se dice que los sacaron al patio y les midieron las polleras, por lo menos a mis hijos no se lo hicieron. Me parece que ensuciar una institución por un cambio de uniforme, es demasiado –continuó Débora–. En todas las reuniones se nos pide que cumplamos con el reglamento firmado y respetemos las reglas de convivencia, como en todos lados”.

¿Chicas mintiendo? Eso no existe. La mujer no miente. De hecho, la mujer es un ser tan puro que lo que dice es verdad y tiene que ser aceptado como verdad sin pedirle pruebas ni ningún otro de esos inventos patriarcales a cambio.

“Nosotros firmamos un contrato. Me parece que no hay protesta válida. Protestemos por otra cosa, no porque quieren hacer cumplir el reglamento. Me parece que ese no es el mensaje que le tenemos que dar a los chicos”, sumo Andrea, mamá de una alumna y ex docente, en declaraciones televisivas. Y coincidió con que “en el colegio ni los directivos, ni los profesores, ni nadie dijo que (las chicas) provocaban. Ese comentario surgió de un grupo de mamás. El colegio sostiene que hay un uniforme, un reglamento, y hay que cumplirlo”. También señaló que “por supuesto” las chicas están en contra, aunque señaló que “no todas” porque a algunas les incomoda la pollera y vienen usando el pantalón.

El Patriarcado es autoritario, y no deje e les mujeres perticiper del pensemente de nueves idees y fermes de expreserse.

Los colegios católicos todavía parecen tener algo de escrúpulos, la resistencia de la mujer ante los límites es esperable, pero bajo ningún punto de vista debe ser considerada evidencia de lo que quieren o no, de lo que es bueno para ellas o no, ni de otra cosa que no sea su inherente incapacidad para ver más allá de sus narices.

Lo que quiere o no quiere una mujer es irrelevante.

Son seres dominados por sus hormonas, por sus sentimientos, y sus sentimientos cambian sin aviso ni motivo, de un momento para el otro. Son inestables, por eso hay que ser fírmes con ellas, para darles el sentimiento de seguridad y estabilidad que tanto buscan.

Fírmes, fuertes, y bruscos.

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