Un año después, ¿qué ocurrió realmente en Charlottesville?

José González
El Daily Stormer
13 agosto, 2018

Parece mentira, pero ya ha pasado un año de la manifestación Unite the Right en Charlottesville, Virginia. No tuve el honor de participar en ella, pero seguí todo lo ocurrido con gran interés, principalmente a través de medios estadounidenses, incluyendo por supuesto la versión americana de esta web.

El seguimiento de este importante evento en la historia de EEUU en medios españoles e hispanos fue muy mediocre, distorsionando además la realidad a unos niveles que antes no creía posibles. Después de años leyendo diariamente decenas de periódicos de numerosos países en diferentes idiomas, he podido comprobar que los medios europeos e hispanos retuercen los hechos aún más que la prensa judía estadounidense, ya sea por incompetencia, o aprovechando deliberadamente la barrera del idioma.

Para el aniversario, la Judenpresse ha vuelto a sacar músculo, vomitando una nueva ristra de artículos de propaganda, con los que buscan establecer y consolidar su versión de los hechos. Una narrativa que solo es real en la mente de los judíos, y en la de aquellos gentiles que, ignorando la cuestión judía, solo pueden rendirse frente al poder de sugestión de los grandes medios de masas.

Como era de esperar, los medios judíos -dominan todos los principales, se puede comprobar con un par de clicks- se han centrado en demonizar a todos los patriotas americanos blancos que salieron a las calles, haciendo uso de la Primera Enmienda -libertad de expresión-, para manifestarse pacíficamente contra la retirada del monumento al general confederado Robert Lee. Hombres hastiados de un Gobierno federal dominado por intereses judíos, siempre listo para luchar guerras por Israel en Oriente Medio, pero nunca para proteger las fronteras estadounidenses. Un Gobierno que lleva más de cinco décadas reemplazando a los descendientes de los colonos y fundadores de la nación con razas extranjeras en nombre de la diversidad y la tolerancia.

La manifestación se convocó con meses de antelación respetando la legalidad. Pero les tendieron una emboscada: a pesar del gran despliegue, la policía se negó a mantener a ralla a las hordas violentas de grupos antifa, dejando totalmente desprotegida la entrada al parque, donde los nacionalistas tenían previsto pasar.

No hay duda de que el alcalde comunista y judío de la ciudad, Mike Signer, junto al jefe de policía negroide Al Thomas –tuvo que dimitir por su desastrosa gestión-, conspiraron para asegurarse de que la policía no interviniera.

Cabe destacar que Mike Signer y su vicealcalde Wes Bellamy -un negro que no oculta su odio a los blancos en redes sociales- se negaron inicialmente a permitir la manifestación. Su convocante, Jason Kessler, tuvo que presentar una denuncia. No cedieron hasta después de que la ACLU (American Civil Liberties Union) anunciara su intención de defender a Kessler.

Dos testigos han afirmado que Thomas dijo “déjales pelear, así será más fácil declarar ilegal la manifestación“. Es decir, ordenó a la policía que no interviniera. Querían que se produjeran enfrentamientos, y lo consiguieron.

Mike Signer (judío), el entonces alcalde de Charlottesville.

Al Thomas ordenó a la policía no intervenir.

Wes Bellamy, el entonces vicealcalde, luciendo una mochila con ‘Black Panther’, un antiguo partido supremacista negro.

En el siguiente vídeo puede verse claramente cómo los contramanifestantes les cortan el paso, impidiéndoles la entrada al parque. Ni rastro de la policía, desplegada en un segundo plano (dentro del parque).

Uno de los manifestantes se lanza a la barrera formada por los antifa, alguien le da un golpe con lo que parece ser una barra, y este responde con un puñetazo. La violencia se desata. La policía no interviene, se queda esperando dentro del parque.

Estas escenas podrían haberse evitado fácilmente si la policía hubiera cumplido con su deber, que era garantizar la seguridad de los manifestantes. En su lugar, los dejaron a merced de los antifa.

La policía está desplegada solo dentro del parque. Cerca del monumento al general Lee se encuentra el podio y el micrófono, donde varios líderes de la manifestación tienen previsto hablar. Pero la policía les impide acercarse sin dar ninguna explicación.

Los contramanifestantes atacan con palos, sprays de pimienta e incluso químicos ilegales a los manifestantes (Baked Alaska casi pierde la vista), lanzando también bolsas llenas de heces y orina. Richard Spencer mencionó también en la rueda de prensa que la policía encontró armas escondidas entre arbustos (colocadas con anterioridad), que los antifa querían recoger durante la manifestación para atacarles.

Dentro del parque no se producen incidentes. La violencia solo tiene lugar en la calle que conduce a la entrada, que es donde se encuentran los grupos antifa.

Los enfrentamientos se utilizaron para justificar el estado de emergencia -declarado a las 10:00, antes siquiera de producirse ningún altercado-. Declararon la manifestación ilegal a las 11:30. La policía antidisturbios procedió luego a evacuar el parque.

Y aquí viene lo más grave: les obligaron a abandonar el parque, pero no a una calle contigua custodiada por la policía, no. Les empujaron hacia la calle repleta de contramanifestantes, que les esperaban con palos, sprays de pimienta, etc.

En una foto se puede ver a un negro improvisando un lanzallamas. La imagen fue tomada cuando los manifestantes estaban siendo obligados a abandonar el parque.

Se producen más enfrentamientos violentos. Los grupos nacionalistas intentan dirigirse inicialmente al parque Mcintire para continuar la manifestación, pero luego se dan cuenta de que la prohibición era válida no solo en el parque Lee, sino en toda la ciudad.

En esta situación, van abandonando la ciudad como pueden, acosados por policías y contramanifestantes. Son perseguidos hasta los aparcamientos, donde se producen momentos de mucha tensión.

Jason Kessler, el organizador de la manifestación, intenta dar una rueda de prensa. Los contramanifestantes se lanzan violentamente contra él y los periodistas.

El atropello se produjo a las 13:42, casi cuatro horas después de haberse declarado el estado de emergencia; dos horas después de declararse ilegal la manifestación. En ese momento, los manifestantes estaban abandonando la ciudad.

En cuanto al conductor, James Fields, un chaval de 20 años, está claro que no lo hizo “con premeditación”, como afirmó poco después el jefe de policía. En el vídeo se puede ver claramente cómo le golpean el coche con un bate, justo antes de acelerar para abrirse paso entre la multitud.

Viéndose rodeado de contramanifestantes violentos, es probable que entrara en pánico. Además, ¿qué hacía toda esa gente en medio de la carretera a pesar del estado de emergencia? ¿Por qué la policía no evacuó a los contramanifestantes?

Y otro dato muy importante: Dwayne Dixon, un profesor de la Universidad de Carolina del Norte asociado a grupos antifa, presumió en Facebook de haber perseguido a James Fields con un rifle. Menciona además que lo hizo antes de que se produjera el atropello.

Una persona se enfrentó a Dixon, cámara en mano, mencionando su publicación en Facebook, y se puso de los nervios.

El hecho de que no haya sido aún arrestado dice mucho de la politización del sistema judicial americano. Especialmente si tenemos en cuenta que Fields sigue en prisión un año después, esperando juicio.

Por la tarde, un helicóptero de la policía se estrelló en un bosque en las afueras de la ciudad. En el accidente mueren dos policías.

La prensa española no tardó en fabricar titulares sensacionalistas, dando a entender que los manifestantes fueron los autores. Nunca en mi vida había presenciado, en directo, semejante nivel de manipulación.

La comisión independiente contratada por el Ayuntamiento de Charlottesville para investigar lo ocurrido señaló a la policía como principal culpable de la mayor parte de la violencia, indicando numerosas negligencias y criticando al Ayuntamiento por no haber podido garantizar el derecho a la libertad de expresión de los manifestantes.

Por supuesto, esto no lo vas a leer en la prensa judía. En lugar de eso, se dedican a publicar un artículo tras otro demonizándonos de la forma más grotesca.

Tampoco van a decirte que Heather Heyer, la obesa comunista que utilizan los judíos para manipularte emocionalmente, murió de un ataque al corazón después de caer al suelo, empujada por otras personas. Todos los medios siguen afirmando en los noticiarios que murió atropellada, aun habiendo vídeos que demuestran que no llegó a rozarla.

Su propia madre afirmó frente a las cámaras que “murió al instante, no sufrió, murió enseguida de un ataque al corazón“.

Pero los judíos ya tienen a una mártir, y no van a cambiar la narrativa aunque sea falsa. Porque que algo sea verdad o mentira es irrelevante para la prensa judía. Lo único que importa es que la gente se lo crea.

La madre  de Heather decidió también utilizar su muerte para sacar rédito económico. Ha salido en todos los noticiarios estos últimos días, atacando a los malvados supremacistas blancos.

El Ayuntamiento marxista de Charlottesville renombró además la calle con el nombre de Heather. Una obesa mórbida que impidió, haciendo uso de la violencia, que unos manifestantes ejercieran su derecho a la libertad de expresión, protegido por la Primera Enmienda. Todo un ejemplo a seguir.

Después de Charlottesville, todos los medios de comunicación desataron una campaña de acoso y derribo contra el Alt-Right, difamándonos a unos niveles que nunca creí posibles. Nos acusaron de terrorismo, y las hordas comunistas, azuzadas por la prensa, querían vernos muertos.

Poco después, comenzó la gran purga en internet. El servicio de hosting Godaddy nos denegó sus servicios, cediendo a la presión ejercida en redes sociales. Una situación sin precedentes.

El País:

La empresa de hospedaje online ha cedido a la presión ejercida en redes sociales para dar de baja la página. El domingo les hicieron llegar a un ultimatum: “Hemos hecho saber a la página que tienen 24 horas para llevarse el dominio a otro proveedor. Si no lo hacen en ese tiempo, daremos de baja el servicio”.

Amy Siskind, una judía que preside una ONG sodomita, femimarxista y antiblanca en EEUU, fue quien inició la campaña de presión contra Godaddy. No dudó en jactarse de haber cerrado nuestra web en Twitter.

Luego, Google -fundada por los judíos Larry Page y Sergey Brin- nos robó el dominio .com. Poco después, Cloudfare se sumó a Godaddy. Luego intentamos volver online con el dominio .wang, pero nos denegaron sus servicios apenas dos días después. Le siguieron otros catorce dominios. El actual, .name, es el número quince, y es el que más ha aguantado hasta ahora.

The Daily Stormer es, de forma indiscutible, el diario más censurado de la historia. Y no sabéis cómo me llena de orgullo y satisfacción poder participar en esta empresa. Saber que puedo influir en el curso de la historia, contribuir al despertar nacional y educar a las masas en la cuestión judía. Nunca me había sentido tan realizado. Mi vida vuelve a tener sentido.

Las hordas izmierdistas, lideradas por judíos, se organizaron también en Twitter para identificar a los manifestantes. Todos fueron despedidos de sus trabajos. Con sus vidas y carreras arruinadas para siempre.

El autor de la cuenta de Twitter que lideró los esfuerzos para identificar a los nacionalistas, Yes You’re Racist, resultó ser judío, como se descubrió poco después en 4chan. Con más de 200k seguidores, publicaba datos privados de manifestantes para que fueran acosados y amenazados de muerte.

¿Mereció la pena?

Se ha reflexionado mucho sobre lo ocurrido en Charlottesville en los círculos nacionalistas. Dominábamos el terreno digital, y creímos que controlar las calles sería igual de fácil. No contábamos, sin embargo, con que los judíos fueran a jugar tan sucio. Tampoco estábamos preparados para hacer frente a las hordas violentas de grupos antifa, protegidas por una justicia muy influida por intereses judíos, una administración que conspira contra nosotros, y la simpatía de la prensa semita.

Después de Charlottesville, muchos de los nuestros perdieron el trabajo o acabaron en la cárcel. No puede decirse que haya sido algo positivo. Pero sí fue necesario. Hemos aprendido la lección, y nos hemos adaptado.

Si lo miramos con perspectiva, la campaña de censura que iniciaron los judíos contra nosotros fue tan brutal, que no ha pasado desapercibida para nadie. Muchas personas de círculos libertarios y conservadores han tomado nota, sabiendo que ellos podrían ser los siguientes. Y no se equivocaban: Alex Jones ha sido la última víctima de esta conspiración judía. Ahora la libertad de expresión en internet se ha convertido en un tema de gran interés.

Igualmente, para prohibir nuestra manifestación, tuvieron que conspirar ilegalmente para violar nuestro derecho a la libertad de expresión, recogido en la Primera Enmienda de la Constitución. Han mostrado a todo el mundo que este derecho deja de ser válido si eres blanco e intentas defender tus intereses étnicos. Es un hecho que muchos han comprendido este último año.

Estamos ganando:

Ahora The Daily Stormer es más popular que nunca, con una de las audiencias más fieles en internet. La versión en español, a pesar de encontrarse aún en sus inicios, con un grupo de redacción incompleto que no se ha dedicado nunca profesionalmente al periodismo, atrae cientos de miles de visitas únicas todos los meses. Parte de nuestro éxito se lo debemos al efecto Streisand propiciado por la incompetencia de nuestros enemigos. Lo prohibido es sexy.

Nuestras ideas se están propagando como la pólvora en foros y redes sociales, mucho más permeables que en EEUU. Solo es cuestión de tiempo que figuras de renombre comiencen también a utilizar nuestros argumentos para desmontar la narrativa oficial y señalar al judío. Estoy seguro de que ONGs creadas para proteger los intereses judíos en España, como Movimiento contra la Intolerancia, ya se han reunido de emergencia con la Federación de Comunidades Judías de España para perfilar un plan que impida que los goyim lo sepan.

Esteban Ibarra, presidente de Movimiento contra la Intolerancia.

Pero no pueden hacer nada para evitarlo. Es demasiado tarde. Ya se ha abierto la caja de Pandora, y no van a poder cerrarla con la legislación contra el “odio”, aprobada por cierto expresamente para proteger a los judíos. No en vano entró en vigor solo tres meses antes de aprobarse la nacionalización de los sefardíes en España.

Una de las desventajas de las mentiras es que tienen las patas muy cortas. Establecer una narrativa falsa en la esfera pública es muy costoso: requiere un monopolio de todos los grandes medios de comunicación y entretenimiento. Necesitas además recordarle a la gente tu versión de los hechos constantemente, o la olvidan; por eso cuando buscas noticias de Ana Frank en medios convencionales se te cuelga el navegador, y cuando vas a ver X-Men el protagonista visita Auschwitz a los diez minutos. Lo hacen para recordarte que el judío es la eterna víctima, una minoría oprimida que ha sido expulsada en más de 300 ocasiones que nunca ha hecho nada malo a nadie.

En la vida real, sin embargo, el judío es quien te persigue y oprime, el que monopoliza el tráfico de diamantes, drogas y armas; el mismo que siembra guerras y caos en Oriente Medio para proteger a Israel, y el único que puede volarle los sesos a cientos de civiles sin ser condenado por la comunidad internacional. Porque no son víctimas; son agresores, y sus intereses dominan nuestras instituciones.

La verdad, en cambio, no necesita de ningún monopolio en los medios de masas. Se impone por sí sola, persuadiendo con los hechos. Es eterna: no necesita ser recordada constantemente en portadas de periódicos y películas de alto presupuesto, ni ninguna ley que castigue a quienes disientan.

Por eso quieren acabar con nosotros. Porque un solo medio alternativo es suficiente para hacer tambalear una mentira sostenida con monopolios y presupuestos mastodónticos. Porque un grupo de aficionados pueden echar a perder una narrativa confeccionada por incontables profesionales prostituidos al poder.

No nos censuran porque propaguemos Fake News. Sino porque somos libres e independientes, y podemos decir la verdad. Porque podemos convencer a nuestros lectores con argumentos.

Nuestras ideas están ganando. Solo queda mantener el rumbo, y aguantar las embestidas del judío. Volveremos a tomar las calles cuando los europeos podamos defender abiertamente nuestros intereses étnicos. Para entonces, ya habremos ganado.

Salve Victoria.

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