La Lucha Cósmica: Entender el Bien y el Mal como Orden frente a Caos

Andrew Anglin (traducción directa del original por Luis Castillo)
Daily Stormer
9 agosto, 2018

Cada hombre puede tener una experiencia personal y subjetiva de Dios.

Cada hombre debería buscar esto. Y si lo busca, lo encontrará.

Pero esto es complicado. Y no vamos a discutirlo aquí, ahora.

En cambio, quiero señalar la singular realidad objetiva observable de Dios, y ese es el mundo natural.

En el mundo natural, vemos una cosa por encima de todo: la emergencia del orden del caos. La lucha del orden contra el caos para crear sistemas de orden.

Desde las junglas de África y el Amazonas, hasta los arrecifes de coral de Australia, las llanuras y los desiertos de América del Norte, el clima y más allá del cosmos, vemos cómo se forman sistemas ordenados a partir de lo que de otro modo sería un caos.

Dios se ve en la búsqueda de la naturaleza del orden sobre el caos.

Y tal es también verdad en los reinos de los hombres. Desde nuestra vida personal a nuestra comunidad, a la sociedad, luchamos por establecer el orden contra el caos.

El judío es el agente del caos y, por lo tanto, el agente del mal. El hombre ario es el creador del orden y, por lo tanto, la encarnación de la bondad y la divinidad.

Somos la máxima expresión de la búsqueda de la naturaleza para formar sistemas de orden progresivamente complejos en el universo. Somos nosotros quienes hemos creado las grandes obras de arte, manifestando el orden de nuevas maneras que el mundo natural era incapaz de hacer sin nosotros.

Hemos construido la máquina, y ahora luchamos contra ella, intentando poner orden en sus maquinaciones.

El infierno siempre ha sido retratado como un reino de caos, mientras que el Cielo es un orden majestuoso.

Como tal, es nuestro deber como hombre ario luchar contra el caos, para el establecimiento del orden. El propósito de nuestra existencia es la lucha para vencer el caos y establecer el orden.

Esta es la única forma en que nosotros, con nuestras vidas pequeñas, cortas y frágiles, podemos acercarnos a la divinidad.

Toda sociedad está hecha de individuos. Todos tenemos nuestra lucha individual para crear orden en nuestras vidas personales, y luego para crear relaciones ordenadas, sobre las cuales se construirán comunidades, sociedades y en última instancia imperios.

Nuestros cuerpos son templos del espíritu, y deben ser tratados como tales. Nuestra sangre, en términos científicos, el ADN que contiene, pertenece al mundo de los espíritus. El espíritu dentro de nosotros se proyecta en nuestra carne a través de la sangre santa, que es la misma sangre que fluyó por las venas de nuestros antepasados. Todos ellos viven dentro de nosotros. Y cuando nos honramos a nosotros mismos, honramos nuestros cuerpos, honramos a nuestros hermanos y nuestras naciones, somos empoderados por nuestros antepasados.

Todo dentro de nosotros, cada parte de nuestro ser, busca el orden. Pero a nuestro alrededor es un caos. Y entonces es nuestro deber proyectar el orden.

A través de esto, servimos a Dios y nos acercamos a la divinidad.

Y seremos juzgados por nuestra habilidad para hacer lo que se nos ha dado la capacidad de hacer.

Elijo luchar porque sé que algún día voy a morir. Cuando me enfrento a decisiones, me recuerdo a mí mismo: “algún día morirás.” Todas las acciones deben tomarse con esto en mente, o esa acción no tiene sentido.

El camino que sigo, el camino del orden contra el caos, el camino de la luz contra la oscuridad, lo sigo en el nombre de Dios.

Todo lo que hago aquí, como todo lo que hago, lo hago para servir a este camino y para servir a Dios lo mejor que pueda. Lo mejor que este cuerpo me permite, expreso el espíritu dentro de mi sangre, que es la luz del sol negro.

El camino de la Victoria de la conciencia de raza aria sobre el caos demoníaco del judío es un camino que cada uno de nosotros debe elegir abrazar o rechazar. El resultado está predeterminado, pues la naturaleza misma, el universo mismo, Dios mismo, no permitirán que el caos supere el orden.

Pero tu papel en esto: esta elección solo te pertenece a ti.

Porque Dios te ha dado la opción de abrazar la lucha por el orden, y a través de esta lucha vivir para siempre, o negarlo, y disolverte en el caos.

Serviré a Dios.

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