¿Es la nueva “izquierda” una ideología de ricos?

José González
El Daily Stormer
29 junio, 2018

A raíz de la reunión de Pedro Sánchez con el multimillonario judío George Soros en la Moncloa, uno no puede evitar preguntarse lo siguiente: ¿por qué superricos, bancos, multinacionales y partidos progresistas comparten la misma ideología?

Hubo un tiempo en que los partidos de izquierda defendían los derechos de la clase obrera. Con clase obrera me refiero a los currantes. A las millones de personas que tienen que trabajar para ganarse el pan. Gente a la que nadie le ha regalado nunca nada.

El obrero madruga cinco días a la semana; otros tienen menos suerte, y lo hacen todos los días. Turnos de mañana, de tarde, de noche. Alguien tiene que hacerlo, lo hacen los currantes.

La clase obrera siempre ha ganado un sueldo modesto. En países que gozan de buen estado de salud, el obrero percibe un salario que le permite comprar un hogar y fundar una familia numerosa, asegurando así el reemplazo generacional. Esto es la definición de un salario digno. Con él, el mensaje implícito es “funda una familia”.

Por otro lado, un síntoma de que tu país está herido de muerte, es cuando el salario medio de la clase más productiva tan solo permite subsistir a una persona a duras penas. Esto no es un salario digno. Es un genocidio sutil.

Con los 600 euros que ganas en España, el mensaje implícito es “muérete, por favor”. Y el obrero progresista responde: “Gracias. ¿Puedo morirme más rápido?”

Bancos, megacorporaciones grancapitalistas y superricos coinciden con los progres: hay que abrir las fronteras; el nacionalismo es peligroso.

Enemigo de nacionalistas: George Soros y sus campañas liberales.

El proyecto “¿Mi casa, tu casa? Condiciones y trayectorias de acceso a la vivienda de solicitantes de asilo y refugiados en Cataluña” obtiene una ayuda del programa Recercaixa.

Soy obrero y soy progre, ¿soy tonto?

Sí.

¿En qué te beneficia abrir las fronteras? ¿Qué ganas otorgando los mismos derechos a gente que ha entrado ilegalmente a tu país? ¿Qué es lo que sacas destruyendo España?

Dime, currante, o parado de larga duración: ¿en qué te beneficia a ti ser progresista?

Cuando estéis discutiendo con un progre pobre, hacedle estas preguntas. No sabrá qué responder. Porque la realidad es esta: la nueva “izquierda” explota a quien produce, y premia al parásito.

Lo único que ofrece el progresismo al currante es un sueldo genocida, literalmente. El dinero que debía percibir el obrero para fundar una familia, se destina a la chusma de peor calaña, nacional y africana, y a políticas sociales muy costosas por su carácter antinatura, diseñadas para mantener en un estado de indefensión absoluta a la población, y blindar la posición del Gobierno.

La nación es la principal defensa del obrero

Los únicos que pueden permitirse vivir en un mundo sin fronteras son superricos como George Soros. Ellos siempre van a vivir en barrios de lujo, con su propio muro, y seguridad privada. Pueden también costear sin problemas su sanidad y educación. Y si el país se va al infierno, pueden mudarse de continente en un chasquido de dedos.

Quienes sí necesitan una nación son las clases trabajadoras. Cuando el país abre sus fronteras, son ellos los que se comen el marrón, literalmente. Cambiar de barrio puede resultar muy difícil, si no imposible, cuando no puedes llegar a fin de mes. Y ya no hablemos de cambiar de ciudad.

El multiculturalismo lo sufren las clases trabajadoras.

Las clases altas son las más progres: pueden permitírselo.

Una de las muchas mansiones de George Soros. Los superricos no necesitan países.

El obrero no vive en un chalé de Galapagar; vive en la periferia de las ciudades, y trabaja en el centro. El zulo donde vive ni siquiera es suyo, es del banco. De costear un muro, ni hablamos. La seguridad la financia el Estado. Utiliza la sanidad pública, el transporte público, y lleva sus hijos a centros de educación públicos.

Lo que no entienden los progres es que para disfrutar de una sanidad, una educación y una seguridad en condiciones, hace falta primero tener un país. Y para tener un país, hace falta una frontera.

No tengo ningún problema con los multimillonarios de ideología progre, me parece además perfectamente coherente. En un mundo sin fronteras, los obreros no podrían protegerse de la rapacidad y usura de estas hienas internacionales. Lo que nunca va a dejar de sorprenderme es cómo un muerto de hambre que gana 400 euros en un McDonald’s puede profesar la misma ideología que un George Soros.

Ser obrero y progre debería considerarse una enfermedad.

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