La mayoría de los inmigrantes que entran en centros de internamiento son liberados a la sociedad porque no pueden verificar quiénes son

Luis Castillo
El Daily Stormer
10 junio, 2018

El Mundo:

Un total de 8.814 inmigrantes en situación irregular ingresó en los centros de internamiento de extranjeros (CIE) durante el año pasado, 1.200 personas más que el año anterior. El 62% (4.284) fueron puestos en libertad sin ser enviados de vuelta a su país.

Las cifras proceden del Ministerio del Interior y se citan en el informe anual sobre el funcionamiento de los CIE que realiza el Servicio Jesuita a Migrantes. En él se cuestiona la finalidad de un internamiento que genera “un sufrimiento inútil” a miles de personas: si la única finalidad legal que tienen los CIE es custodiar a los sin papeles mientras se tramitan todos los papeles para realizar su expulsión, ¿por qué se les encierra hasta 60 días cuando ya por adelantado se tiene la certeza de que va a ser imposible hacer efectiva su repatriación en la mayoría de los casos?

Esto es una locura.

Si estas personas ni siquiera se molestan en traer identificación con ellos desde su país de origen, de manera que sepamos de dónde provienen, ¿por qué este es nuestro problema?

No le debemos nada a estas personas. Ellos no son ciudadanos. Ni siquiera son europeos. Estos son solo extranjeros que ingresan ilegalmente al país, lo que los convierte en delincuentes o invasores.

Entonces, si no sabemos de dónde son, podríamos tomar sus huellas dactilares, enviarlos de regreso a Morroco si entraron por allí, y decirles que, si los encontramos ingresando ilegalmente de nuevo, serán enviados a la costa de Somalia en un barco, y enviado a la orilla en botes inflables.

Problema resuelto.

Supongo que eso podría generar algunos problemas para ellos, pero, lo que sea. España no es un servicio de taxi, y no le debe ningún transporte libre de inmigrantes ilegales a su país de origen. Si ni siquiera traen identificación, entonces simplemente tienen que salir de España e ir a donde sea conveniente de ponerlos.

Los datos por nacionalidades son muy llamativos: fueron puestos en libertad el 100% de los inmigrantes de la República del CongoRepública Democrática del Congo y Burkina Faso; el 99% de los de Costa de Marfil,GambiaCamerún y Guinea Bissau; el 96% de los de Sierra Leona y Mauritania; el 94% de los de Mali y Senegal

Sólo los marroquíes, los rumanos, los colombianos y, en menor medida, los argelinos son repatriados. El motivo, dice el informe, es que en la población marroquí existe “una mayor facilidad para la identificación” de los recién entrados y también para su devolución. A cambio, a los subsaharianos no queda otra que ponerlos en libertad “dada la dificultad para comprobar la nacionalidad declarada”.

“No hay documentación fidedigna para saber de qué nacionalidades son, ni un país que diga: ‘Admito a estos inmigrantes porque constato que son míos'”, ha explicado el jesuita Josep Buades, autor del informe. “Sí funcionan bien las repatriaciones con los marroquíes y los argelinos, pero se ha creado un cuello de botella. Argelia admite a sus ciudadanos si se les lleva en barco, pero las plazas son limitadas y nos hemos encontrado con inmigrantes que son puestos en libertad a los dos meses porque no les da tiempo a llevarlos”, ya que la ley dice que los sin papeles pueden estar hasta un máximo de 60 días en estas instalaciones hasta que se les expulsa.

Entonces, básicamente, cuanto menos evolucionado y más africano sea el migrante, peor será su país de origen y mayor será el riesgo de que no haya suficientes documentos y canales oficiales con estos estados fallidos para devolver a estos delincuentes invasores de una manera que garantice perfectamente su seguridad y bienestar.

No entiendo por qué sería un problema para España deportarlos a su punto de entrada. Nadie me ha explicado por qué ayudaría a los españoles dejar los sin papels vagar libres, y sospecho que nadie lo hará.

El informe insta a reflexionar sobre “el sentido del internamiento”. “En la segunda mitad de 2017, cuando aumentó considerablemente la entrada de personas argelinas y marroquíes, apenas se internó a la población subsahariana, posiblemente por el cálculo de probabilidad de eficacia de la medida. De verdad, ¿tiene sentido infligir tanto sufrimiento inútil?”, advierte.

Un jesuita botando lágrimas por un africano.

Estos inmigrantes se han autoinfligido su propio sufrimiento al decidir abandonar su tierra, su patria, su gente y su familia, con la esperanza de vivir de los generosos beneficios sociales europeos. La avaricia, o la falta de humildad y patriotismo los llevó a hacer esto por ellos mismos.

No es mi problema.

Por eso plantea que, de forma alternativa a los CIE, se aloje temporalmente en recursos abiertos de acogida humanitaria a los inmigrantes que entran irregularmente en España por las costas canarias o andaluzas, mientras se tramita su documentación.

El trabajo ha sido elaborado con el relato de los 54 voluntarios de los jesuitas que han trabajado durante 2017 en los CIE de Madrid, Barcelona, Valencia, Algeciras y Tarifa, acompañando a los inmigrantes. En ellos han constatado que, de las 8.814 personas que fueron internadas, hubo 396 mujeres y se identificó oficialmente a 48 menores, a pesar de que está prohibida la entrada de los niños a estas instalaciones.

Lea: el noventa y cinco por ciento de estos inmigrantes son hombres en edad militar.

Esta es la composición demográfica de un ejército invasor o fuerza colonizadora. Son colonizadores del tercer mundo.

El tiempo medio que los inmigrantes permanecen en los CIE son 26 días y los voluntarios han observado una duración mayor que otros años, especialmente en el CIE de Barcelona y Archidona, la cárcel habilitada en Málaga de forma temporal.

Sobre Archidona, los jesuitas dicen que sus “instalaciones, aún por estrenar, y los servicios puestos en funcionamiento apresuradamente, no garantizaban las condiciones de vida adecuadas”. “El tratamiento de la seguridad fue sumamente inadecuado para la custodia de personas a las que la ley sólo priva de libertad ambulatoria”, sostiene. “De ahí situaciones como los trágicos incidentes en los que se suicidó Mohamed Bouderbala”.

María del Carmen de la Fuente, vicepresidenta del Servicio Jesuita a Migrantes, ha denunciado la “opacidad” y la “impunidad policial” que existe en estas instalaciones, que tienen unas “condiciones de vida deficitaria”, “incumplen el reglamento” y “no tienen en cuenta las situaciones de vulnerabilidad de las personas internas”. “Es un sufrimiento real y visible, un sufrimiento enorme e inútil, que lo ven nuestros voluntarios, pero también el Defensor del Pueblo, las ONG y los jueces de control que dictan resoluciones que dan cuenta de las grandes deficiencias que existen en los CIE”.

Realmente estoy empezando a odiar a los jesuitas. No vivo en un lugar con un número significativo de ellos, así que he logrado no preocuparme por ellos la mayor parte de mi vida, hasta ahora. Los conozco en la historia, pero no entiendo por qué Franco no los expulsó.

Este comportamiento de llorar por el sufrimiento personal de nuestros enemigos raciales los hace iguales a cualquier otra feminista, communista u homosexual.

Además, ¿por qué tiene que conectarse a este sitio censurado y excluido de la lista solo para leer una observación básica de sentido común?

Este comentario, “está bien, no sabes de dónde son, simplemente envíanos de vuelta a donde ingresaron”, esto no demuestra ninguna inteligencia especial, y ni siquiera es políticamente extremo. Esto es obvio. El gobierno español no está funcionando incluso en ese nivel básico.

Mire, si esto parece, “oh, no hay muchos, no es un gran problema”, por favor, comprenda. He visto lugares donde hay demasiados. Se necesitaron generaciones para que sus números llegaran tan alto. España ha estado recorriendo un camino peligroso desde 2001.

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