Superviviente del Holocuento consagró su vida al genocidio vengativo de miles de bebés europeos; la prensa lo celebra

Luis Castillo
El Daily Stormer
9 junio, 2018

A veces el artículo se escribe a sí mismo.

Infobae:

En Canadá no hay ley de aborto pero el aborto no es un crimen. En ese país, a partir de 1969 la interrupción voluntaria del embarazo fue despenalizada para ciertos casos y desde 1988 ya no existen leyes que lo limiten ni en causas ni en períodos de gestación.

Esto significa que pueden tomar a una mujer embarazada de nueve meses, cuyo hijo podría sobrevivir fuera de su cuerpo, desmembrar al bebé dentro de su útero y aspirar las piezas al azar.

Estoy totalmente dispuesto a tener una discusión razonable, civilizada y no emocional sobre si las mujeres deberían o no abortar dentro del primer trimestre. No tengo un fuerte sentimiento moral al respecto. Es una cuestión de gobernanza, y debe evaluarse en función del resultado que produce. De acuerdo con este criterio, realmente no lo sé.

Es un acto repugnante, pero puede ser un mal necesario con cómo son las cosas ahora.

Por otro lado, matar a los niños no nacidos sin restricción de causa o madurez no es más que la legalización del infanticidio electivo. Cualquiera que pase toda su vida haciendo campaña a favor de esto probablemente debería ser desmembrado de la misma manera- de una manera totalmente legal, por supuesto, después de un juicio y una condena.

Por supuesto, sería un judío.

Al mismo tiempo, fue integrado al sistema de salud, regulado y financiado como cualquier otro servicio médico, por lo que se practica en hospitales pero también en clínicas privadas. Treinta años después, no sólo no aumentó la tasa de abortos en el país sino que va decreciendo, sobre todo en la franja adolescente, en la que las cifras oficiales confirman que el aborto disminuyó casi en un 30%. Educación sexual y despenalización: esa fue la receta.

La despenalización es una condición necesaria para poder medir la tasa de aborto. Nadie puede determinar con precisión cuántos abortos ocurren cuando son ilegales, y en términos generales, nadie puede determinar con precisión cuántos suceden ocultamente. Al menos, un puto periódico no puede.

En cuanto a la educación sexual, esto es puro vudú. La tasa de aborto, como la mayoría de las cosas en la sociedad, se ve afectada por una gran cantidad de factores diferentes que cambian constantemente. A primera vista, realmente no sé por qué ha bajado la tasa de abortos en Canadá, y nadie más lo sabe tampoco.

Hasta llegar a este estado de cosas, pasaron varias décadas en las cuales el aborto estuvo prohibido en todas las circunstancias y la sociedad protagonizó una larga serie de debates políticos y judiciales, que dieron como resultado este status singular de que no exista una ley pero que así y todo el aborto sea legal. Durante ese tiempo, hubo un hombre que estuvo a la cabeza de la batalla por la despenalización. Se llamaba Henry Morgentaler(1923-2013) y aunque para algunos canadienses será siempre poco menos que un asesino, para gran parte de la sociedad canadiense siempre será un verdadero héroe humanista.

Sí, un gran héroe humanista, a excepción de todos los bebés sanos que fueron desmembrados.

¿Ya no es tan humanista verdad?.

Lo que sea.

¿Por qué no hizo una campaña para abortar en Israel?

Parece que nunca ves a estos muchachos contándoles a las mujeres judías en el país judío cómo deberían desmembrar a los bebés judíos antes de nacer.

Este artículo es tan largo que omitiría la mayor parte, pero quiero que vean cuánto esfuerzo trágico puseo una mujer para elogiar a algún judío asesino muerto en un sábado al azar. Pondré cualquier cosa de las que voy a comentar en negrita, pero es realmente demasiado largo, no voy a leer todo eso.

Cuando llegó a Canadá, en 1950, tenía 26 años y ya había vivido todas las vidas posibles. Heniek “Henry” Morgentaler conoció de cerca la miseria, la enfermedad y la muerte, primero en el gueto y luego en los campos de concentración nazis. Aprendió el oficio de sobreviviente y, ya como médico, se prometió asistir a las mujeres que lo necesitaran. En el abismo de la ilegalidad, durante décadas encabezó la cruzada para conseguir la despenalización del aborto en Canadá y lo logró. En el camino sufrió atentados, amenazas de muerte, campañas de desprestigio y también la cárcel. Murió en 2013, a los 90 años. Lo acompañaba quien fue su esposa en sus últimos 30 años, Arlene Leibovitch y sus cuatro hijos, más sus nietos.

Había nacido en Lodz, por entonces la segunda ciudad más importante de Polonia, cercana a la frontera alemana. Sus padres Jozef y Golda eran un tejedor y una costurera socialistas y tenía dos hermanos, un varón y una mujer. Cuando llegaron los nazis, su padre fue detenido y asesinado por la Gestapo y él, su madre y su hermano fueron encerrados en el gueto de Lodz, junto con otros 164 mil judíos. Antes de la guerra, el 30% de los habitantes de Lodz eran judíos. Su hermana mayor había logrado huir con su novio a la capital: durante la ocupación alemana fue llevada primero al gueto de Varsovia, donde fue una de las protagonistas del célebre levantamiento de abril del ’43 y luego a Treblinka, donde murió asesinada.

En 1944, luego de pasar unos días escondidos detrás de una falsa pared junto con otra familia mientras los nazis liquidaban el gueto, Henry Morgentaler y su hermano Mike fueron enviados a Auschwitz junto con su madre. Una vez allí, los nazis acostumbraban a seleccionar a quienes serían utilizados como mano de obra esclava y a separar a aquellos que directamente irían a la muerte. Henry y su hermano fueron derivados al campo de concentración de Dachau, en Alemania. Golda Morgentaler murió en la cámara de gas; sus hijos varones fueron liberados en abril de 1945. Henry había perdido todos los dientes y pesaba entonces 30 kilos. Tenía 22 años.

Finalizada la guerra, los hermanos Morgentaler terminaron en un campo de refugiados en Baviera. Tiempo después, Mike emigró a Estados Unidos y Henry fue a Bruselas, en donde se reencontró con los sobrevivientes de la familia Rosenfarb, viejos amigos de su familia en Lodz, vecinos queridos con quienes habían estado escondidos de los nazis detrás de aquella falsa pared, cuando buscaban evitar ser capturados y asesinados. Entre ellos estaba Chana, su antigua compañera de colegio y noviecita de la adolescencia.

Estoy cansado de leer sobre los supervivientes del holocuento. Hay literalmente como seis millones de ellos.

Tantos supervivientes.

Mire, señora. Entiendo que escriba un artículo realmente largo.

Pero a nadie le importa el holocausto.

Incluso a mi no me importa.

Y eso que estoy escribiendo en una plataforma con un mensaje fuertemente antisemita. 

Ni siquiera estoy aquí para negar el holocausto. No me importa absolutamente nada al respecto. El problema es que las estériles e infértiles mujeres de mediana edad que trabajan para las publicaciones judías escriben basura como esta, una celebración del holocuento, en el año actual, 2018.

Fue hace tanto tiempo, que ya debería darnos lo mismo.

No, no creo que hayan muerto seis millones de judíos en cámaras de gas. Creo que murieron 400.000 judíos, la mayoría de ellos por desnutrición, enfermedades y frío en los campamentos que dejaron de recibir suministros durante el final de la guerra, cuando se destruyó la capacidad alemana de producción y logística.

Esto es probablemente lo que les habría sucedido a los alemanes, italianos y japoneses que Estados Unidos colocó en campos de concentración en el período de guerra, pero que sobrevivieron porque recibieron suficientes suministros, calefacción y atención médica, porque la producción y distribución en Estados Unidos nunca fue bombardeada.

Quizá algunos de ellos murieron a causa de las balas en algún momento, como durante el levantamiento de Varsovia.

Mi patria tiene un problema con los judíos actuales, no con los judíos históricos. 

Por supuesto, también tuvo un problema con los judíos históricos anteriormente, durante su historia, pero eso fue ya hace mucho tiempo.

Estos judíos han estado inventando historias mitológicas de persecución durante miles de años. Estas son cruciales para darles su sentido de identidad compartida. Su sentido de sí mismos se basa en el miedo y el odio hacia los no judíos, basados ​​en mitologías de la persecución. Siempre ha sido así.

Entonces, no, por supuesto que no creo en nada de esto. No creo en las fábulas judías como mi posición predeterminada. Pero, ni siquiera me importa. Si algunos judíos murieron de desnutrición porque los alemanes no podían apoyar sus campamentos, eso está bien, también. Mi gente ha sufrido nuestras propias tragedias, y ningún judío debería sentirse mal por eso.

Esto es un montón de tonterías diseñadas para dar un estado de víctima acrítica a un duende repugnante que dedicó su vida a matar bebés, no a los bebés de su propia gente, sino a los bebés de mi pueblo. Esto me hace ver rojo, pierdo la paciencia con la longitud enfermiza de este texto, y quiero desmembrar este judío follasatanás, pero él ya está muerto.

Henry y Chana se casaron en 1949 y viajaron a Canadá. Ella se dedicó a escribir poesía; él, a terminar sus estudios de medicina. Se establecieron en Montreal, donde nacieron sus dos hijos, Abraham y Goldie. En 1955, el doctor Morgentaler abrió su consultorio, especializándose en planificación familiar, con una mayoría de pacientes de clase trabajadora. En Canadá el aborto estaba prohibido sin excepciones; las penas eran cárcel de por vida a quienes los practicaran y dos años de prisión para las mujeres que interrumpían voluntariamente el embarazo. Morgentaler fue uno de los primeros médicos en Canadá que practicó vasectomías, colocó DIUs y recetó pastillas anticonceptivas.

En 1967, Morgentaler se presentó ante la comisión parlamentaria de salud que investigaba el problema de los abortos ilegales. En un recordado discurso, sostuvo que toda mujer debía tener el derecho de interrumpir un embarazo sin correr riesgo de muerte. La reacción fue inmediata: una gran cantidad de mujeres desesperadas comenzaron a buscarlo pidiéndole que las atendiera y les practicara un aborto, aunque por entonces él no lo hacía, por los que las derivaba a dos profesionales conocidos que sí llevaban adelante esos procedimientos, entonces ilegales.

Hay algo exclusivamente judío en ser la voz más ruidosa que exige una acción moral arriesgada, pero que delega el riesgo de esa acción en otras personas.

Un año después, Morgentaler comenzó a desafiar el sistema al abrir su primera clínica en Montreal, en donde comenzó a practicar abortos seguros. En 1969, en una reforma al Código Penal que despenalizó la homosexualidad y el uso de métodos anticonceptivos, se modificó la ley de un siglo atrás que prohibía el aborto y el aborto comenzó a ser legal siempre y cuando un comité integrado por tres profesionales determinara que la salud física o psíquica de la mujer gestante estaba en riesgo.

Lo que ocurrió a partir de entonces fue el reino de la arbitrariedad: diferencias enormes entre provincias, según estuvieran gobernadas por “pro choice” o “pro vida”, y entre poblaciones urbanas y rurales, y también una gran disparidad entre los hospitales: mientras en algunos los comités autorizaban prácticamente todos los abortos, en otros no se conformaba el comité, se demoraba la decisión o directamente se le negaba la autorización a la solicitante. En los hechos, el aborto no era accesible para todas las canadienses.

Morgentaler siguió desafiando a la Justicia ya que siguió practicando los abortos en su clínica sin que sus pacientes solicitaran la autorización del comité que exigía la ley. La guerra estaba declarada. A partir de entonces, y agitado por el vaivén político entre liberales y conservadores cada vez que llegaban al gobierno, comenzó un raid de allanamientos, juicios y absoluciones que se mantuvo por años, tiempo durante el cual Morgentaler llegó a pasar incluso diez meses tras las rejas en una prisión de Montreal, en 1975. Durante su detención, tuvo un infarto.

Afuera, sus defensores reclamaban su libertad. Una vez liberado, su pedido de aborto seguro y legal se siguió escuchando en su discurso y en la provocación que agitaba cada vez que abría una clínica en alguna provincia, en un nuevo capítulo de la misión que se había propuesto.

A mediados de la década del 80, el aborto era el tema más controvertido en Canadá. A las demandas en tribunales y las requisas a sus clínicas, se sumaron amenazas públicas y privadas a Morgentaler y a sus equipos y la bomba con la que un grupo pro vida destruyó su clínica en Toronto.

En 1988 la Corte Suprema de Canadá falló en el llamado “Caso R. contra Morgentaler”. En su sentencia, el máximo tribunal determinó que la legislación existente era inconstitucional y anuló la reforma de la ley de 1969 al considerar que la norma atentaba contra la Carta de Derechos y Libertades, por violar el derecho a la privacidad de la mujer, a su libertad y a su seguridad personal.

“Obligar a una mujer, mediante la amenaza de sanción penal para llevar un feto a término a menos que cumpla determinados criterios relacionados con sus propias prioridades y aspiraciones, es una interferencia con el cuerpo de una mujer y por lo tanto una violación de la seguridad de la persona”, escribió el juez Brian Dickson, por entonces presidente de la Corte.

La “misión” de Morgentaler venía desde lejos y apuntaba al futuro. “Sabía que no había podido salvar a mi madre”, declaró en 2003, “pero pude salvar a otras madres. Era un pensamiento inconsciente que terminó convertido casi en un mandato: si yo ayudo a las mujeres para que tengan a sus hijos en un tiempo en el que puedan darles amor y afecto, esos chicos no crecerán para ser violadores o asesinos. Ellos no construirán campos de concentración“.

Lo que estoy leyendo es: “Si puedo matar a estos gentiles antes de que nazcan, no serán una amenaza para mi gente cuando sean mayores”. De un judío que asesinó ilegalmente a gentiles en Canadá durante años.

Déjame leer eso de nuevo para ver si se vuelve menos psicópata.

No.

Demuestra abiertamente una hostilidad racial específica hacia los niños que estaba abortando, uno que no se aplicaría a su propia gente.

De nuevo, casi me siento mal al leer este artículo. Si un hombre hubiera escrito este artículo, creo que estaría consciente de lo terrible que es. Las imágenes son terribles. El judío parece una pila de heces y grasienta.

Básicamente, un judío.

También por entonces, y consecuente con su modo de ver las cosas, Morgentaler declaró que la baja en los índices de criminalidad juvenil que las autoridades habían informado podían deberse a la legalización del aborto, lo que había conducido a que hubiera menos chicos abandonados y enojados y más madres vivas para alimentar a sus hijos. Su lema era: “Toda madre, una madre con deseo; todo hijo, un hijo querido”.

“Se debe permitir que la voluntad de las mujeres, ni siquiera de los hombres, contradiga la voluntad de la Naturaleza”.

Tiempo después, cuando todavía había voces que se levantaban en su contra, escribió:”¿Acaso olvidaron todas estas personas que las mujeres solían morir en nuestros países a causa de abortos autoinducidos o clandestinos; que niños no deseados eran entregados a instituciones en donde sufrían enormes traumas que quitaban la alegría de sus vidas y los convertían en individuos angustiados y depresivos resentidos contra la sociedad? Olvidaron estas personas que un embarazo no deseado era el mayor riesgo para la salud de mujeres jóvenes y fértiles y que podía dar como resultado la pérdida de fertilidad, enfermedad a largo plazo, heridas y muerte?”.

Qué asquerosa filosofía judía.

No hemos nacido para ser felices. Nacemos para sufrir y luchar.

Es mejor nacer y sufrir que morir y no sentir dolor.

En 2006, el médico dejó de practicar abortos pero su pelea con parte de la sociedad que estaba en contra de la despenalización continuó hasta su muerte, en 2013. En 2008, el gobierno canadiense le entregó la orden de Canadá, el mayor reconocimiento que un ciudadano puede recibir en ese país, pese a que hubo una fuerte campaña en contra de grupos fundamentalistas.

Los “fundamentalistas” pueden entenderse en este contexto como un eufemismo racial para los blancos.

Ya es bastante difícil imaginar que este tipo no fue brutalmente ejecutado, ¿pero le dieron el más alto honor para un civil canadiense? Él ni siquiera es canadiense.

El eje del reconocimiento se sostenía en la capacidad de Morgentaler por acrecentar “las opciones para el cuidado de la salud de las mujeres canadienses”. Morgentaler “ha sido un impulsor para cambiar el rumbo de tan importante debate”, señalaba el comunicado oficial, “él ha intensificado la conciencia sobre los temas de salud reproductiva de las mujeres entre los profesionales médicos y el público canadiense”.

Hubo agitación y debate por el galardón y hubo también personalidades que devolvieron su propia medalla en protesta por el reconocimiento al médico nacido en Polonia.

“Canadá es uno de los pocos lugares en el mundo en los que la libertad de expresión y de elección prevalecen de una manera realmente democrática. Vine de una Europa devastada por la guerra y estoy orgulloso de haber tenido esta oportunidad, de darme cuenta de mi potencial y de mi sueño de crear una sociedad mejor y más humana“, declaró el médico, ya entonces un hombre mayor. Hacía años que soñaba con ese premio, que incluso habían pedido para él personalidades como el escritor John Irving, autor de la celebrada novela Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, en donde el tema del aborto es un motivo central del argumento.

Hace algunos días pasó por Buenos Aires Joana Erdman, una experta en Derecho y Política de la Salud, quien expuso durante el debate en Comisión del aborto en el Congreso.

Durante un almuerzo con periodistas organizado por Amnistía Internacional, Erdman habló sobre las características del tema aborto en su país y entre otras cosas recordó cómo se vivía hasta la despenalización total de 1988, sobre todo por las consecuencias negativas de tener que contar con la autorización de los comités terapéuticos. “Para habilitar el aborto, normalmente en el diagnóstico figuraba algo relacionado con problemas psiquiátricos, de modo que la mujer era autorizada a abortar, pero inmediatamente corría el riesgo de perder su trabajo y/o de perder la tenencia de sus otros hijos, por lo que muchas mujeres preferían seguir abortando clandestinamente”, contó en un almuerzo con periodistas organizado por Amnistía Internacional.

Cuando se le preguntó a Erdman por la tasa de mortalidad materna provocada por aborto en la actualidad, fue terminante. “Cero”, dijo. Y repitió: “Cero”.

Según el Instituto Canadiense de Información sobre la Salud (CIHI), en ese país se producen aproximadamente 100.000 abortos por año, lo que habla de una tasa de aborto de 14.1 (por cada 1000 mujeres de entre 15 y 44 años). Se trata de una tasa muy inferior a la media de los países en donde el aborto está restringido. Estas tasas de aborto no aumentaron en los 30 años desde la despenalización y – en sintonía con el resto de los países en donde está legalizada la práctica- es posible comprobar una reducción constante desde mediados de los 90.

¿Abortos? 100,000. ¿Mortalidad? Cero.

Cero.

El dato más destacable dentro de este panorama es que la reducción más pronunciada del aborto se da entre las adolescentes que tienen entre 15 y 19 años: es de un 29%, según cifras oficiales entre 1997 y 2005. Educación sexual en las escuelas -y también en clínicas de planificación familiar- y despenalización del aborto fueron los componentes de la receta exitosa para terminar con uno de los mayores dramas sociales en el mundo, pero sobre todo en los países menos desarrollados como el nuestro, donde en estos días se definirá en el Congreso si en la Argentina habrá finalmente aborto legal, seguro y gratuito, un reclamo que, en nombre de la salud pública y de los derechos de las mujeres a decidir su maternidad, lleva años esperando en la antesala del recinto.

Guau, espero que no hayas leído todo eso. Hubo una leccion ahí.

 las mujeres no deberían ser escritoras.

Las mujeres son idóneas para enseñar un lenguaje concreto a los niños o utilizarlo de cualquier otra manera, como secretarias, traductoras y profesoras de idiomas extranjeros.

He conocido el trabajo de mujeres en aquella línea, y por lo general eran buenas. Enseñar un lenguaje concreto requiere paciencia, compasión y hay que tener el gusto de hablar mucho, pues está bien que yo haya aprendido las bases de mi lenguaje hablado escuchando a las mujeres.

Las mujeres, de cierta manera, tienen una capacidad verbal natural que parece exceder la de los hombres. Hablan todo el tiempo, aprenden nuevos idiomas más rápido, y si sufren daño cerebral traumático, es menos probable que pierdan su capacidad verbal, porque tienen más partes de su cerebro que procesan el lenguaje de forma redundante.

Cuando te das cuenta de que está ofendiendo a sus lectores al no ser ofensivo.

Esto es casi evidente en este artículo que estoy citando. Es dolorosamente redundante y habla todo el día. Esta es la razón por la cual las mujeres no pueden ser graciosas, y por la que no deberían escribir.

A menos que, ya sabes, esten escribiendo libros de cocina o lo que sea. Eso es genial. Me gusta la comida.

Pero el problema es que, antes del acto de escribir, debe haber un proceso de razonamiento abstracto, juicio y percepción.

Entonces, obviamente, ni siquiera están equipados para comenzar este proceso.

No puedes escribir si no puedes pensar.

Ahora parece que solo estoy siendo un troll abrasivo.

Mira, realmente las mujeres tienen una cierta habilidad verbal que es ideal para ciertas tareas. Venir con ideas no es una de esas tareas, porque esa no es una tarea verbal. Solo hay una tarea verbal más adelante, y esa tarea verbal no convierte a nadie en un buen escritor, solo los hace elegantes.

Esta largo elogio de este judío asesino muestra una falta de autopercepción retórica que solo puedo imaginar en la mente de una mujer menstruante o menopáusica.

Bueno, menopáusica.

Mira, lo siento, Hinde Pomeraniec. Si fuera el editor de tu periódico, y yo estuviera tratando de promover la agenda judía, te despediría inmediatamente, o al menos le daría a algún hombre el trabajo de publicar bajo tu nombre, y te mantendría en algún lugar para hablar y sonreír frente una cámara.

Te volaste con las propias drogas que tenías que vender, perra.

Esto no se ve bien, ¿de acuerdo? Escribiste un artículo sobre un judío repulsivo que abogó por la matanza de 100,000 bebés blancos al año en Canadá, motivado por miedo y odio hacia los bebés europeos, debido a su propia mitología de la persecución.

Y en tu mismo artículo, lo glorificas. ¿Eres tan estúpido que no ves cómo esto hará que tus lectores asocien la celebración de la judería con la matanza de su propia gente?

Míralo, ramera tonta.

¿Es esta realmente la imagen que querías dar?

Deberías enviarle un mensaje a hpomeraniec@infobae.com y decirle eso, que su artículo es implícitamente antisemita, porque bajo una dulce alabanza, ilustra con precisión la naturaleza diabólica de los judíos al mostrar imágenes de él, citando su discurso e informando sobre lo que ha hecho.

Esta mujer debería renunciar su trabajo avergonzada.

Ha hecho saber a los goyim.

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