Israel gasea España en Eurovisión

Guillermo Alonso
El Daily Stormer
13 Mayo, 2018

La obesa mórbida Netta Barzilai ha ganado el concurso de Eurovisión con su canción “Goy”, que como todos saben significa “malditos hombres arios europeos asesinos de seis trillones de judíos”.

Que una defecación antimelódica gane Eurovisión no debería sorprender a nadie; victorias como la del sidoso de Conchito Wurst o la follamoros de Jamala han dejado patente que en Eurovisión la música es lo de menos. Es un concurso de marxismo cultural con el que el Régimen político de ocupación en Europa busca normalizar todas las taras mentales que destruyen la familia y la comunidad.

ABC:

La cantante Netta Barzilai, ganadora de Eurovisión 2018, inicia su tema «Toy» (Juguete) con unos 20 segundos de lo que parece más un calentamiento vocal que una canción. Como una «criatura hermosa» -según canta al principio del tema- Barzilai cacarea imitando a una gallina sin temer a los primeros planos y gesticula sin modestia. La cantante israelí ha cautivado al mundo con su original videoclip, su mensaje feminista y una melodía muy pop con tintes orientales y de música soul.

«No soy tu juguete, chico estúpido», repite Netta en una letra forjada al calor del movimiento reivindicativo #MeToo (YoTambién), nacido a raíz de acusaciones de acoso sexual a varios productores, actores y directores de Hollywood y fuelle para que mujeres de todo el mundo se animaran a denunciar en las redes sociales casos cotidianos de abuso sexual.

Femimarxismo hasta en la sopa,  es ya cansino el tema de los cojones.

La cara de Amaia, al conocerse los resultados.

Nuestro país ha demostrado una incompetencia supina enviando a una pareja heterosexual. Para ganar Eurovisión no hace falta cantar bien -bueno, este requisito lo cumplíamos de sobra-, tan solo ser subversivo, cuanto más exagerado mejor.

Es natural que hayamos quedado en el puesto 23 con una pareja binaria cisgénero. Si hubiéramos enviado a una pareja interracial homosexual, ambos transgénero, con SIDA y síndrome de Down, practicando un aborto en el escenario, os aseguro que otro gallo habría cantado.

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