El judío como adversario en la batalla por la obscenidad, la pornografía y la moralidad sexual – Parte 3: El histórico caso Roth v. United States

Herrwolf
Daily Stormer
30 julio, 2017

Samuel Roth

Parte 1Parte 2

“Si Roth no hubiese sido el oportunista, irascible y algunas veces megalomaníaco idealista que fue, los avances en la libertad de expresión de los años 60 no habrían ocurrido cuando lo hicieron” Jay Gertzman. [1]

Samuel Roth (nombre hebreo Mishillim) nació en 1894 en un Shtetl en la región de Europa del Este entre Austria y Polonia, entonces conocida como Galicia. Su familia emigró a Nueva York en 1904, cuando tenía unos 10 años.

Roth trabajó en algunas ocasiones en diferentes puestos de trabajo para luego comenzar a escribir poesía, decidiendo dedicarse a la publicación, donde continuamente empujaría los límites de lo que se consideraba aceptable a lo largo de toda su carrera, en última instancia, seria arrestado no menos de 8 veces y pasaría un total de nueve años de su vida adulta en prisión.

Roth fue capturado y acusado de distribuir una miríada de materiales prohibidos y obscenos, como el infame Lady Chatterley’s Lover de DH Lawrence (del cual veremos más en la parte 4) y porciones de Ulises de James Joyce (que se discute en la parte 1). Ninguno estaba autorizado.

Este último fue visto, especialmente por sus pares, como una grave violación de la ética, lo que resultó en su excomunión de los círculos literarios a raíz de una carta de protesta firmada por 167 escritores e intelectuales, como Ernest Hemingway y Albert Einstein.

Roth fue una figura muy colorida, asumiendo muchos papeles en su vida: “rey de las obscenidades”, intelectual serio, hombre de familia, paria literaria, mártir de la “libertad de expresión”, e incluso, durante un tiempo: judío antisemita.

En un extraño episodio de 1934, después de una serie de acontecimientos que “repentina e inesperadamente” le llevaron a darse cuenta de que “todos los males” de su vida habían sido “perpetrados por judíos”, Roth escribió y publicó el sorprendente libro Jewish Must Live, en el que confirma muchas de las tradicionales afirmaciones anti-judías.

Roth escribe de cómo él se había despojado de su disonancia cognitiva innata con respecto a la verdadera naturaleza de su tribu, después de perder su negocio debido a una conspiración de judíos “buitres” y “abogados inescrupulosos”, decidiendo entonces ser “el primer judío en levantarse y decir la verdad sobre ellos.”

“Soy un judío que ha sido llevado hasta el punto de aborrecer tanto a su pueblo que piensa en términos de su destrucción.” escribió.

A pesar de que Roth nunca compartió “el desprecio judío por los goyim [no-judíos]” – que, explica, “es inherente en toda la psicología judía” – afirmo que no había escrito el libro para “hacerle favores a los gentiles”, sino para decir la verdad tal como lo veía, con propósitos catárticos, como “algo de una necesidad orgánica”.

En el mencionado libro, escribió que los judíos habían hecho de   la civilización occidental un “horrible pantano”, que el antisemitismo es un “instinto primordial de la humanidad” que preserva a la raza en cuestión que lo practica contra la “destrucción total”, y que los judíos han merecido todos los pogromos y persecuciones que han experimentado (véase la nota a pie de página). [2]

“Nuestro principal vicio desde la antigüedad, al igual que hoy,” escribió, “es el parasitismo. Somos un pueblo de buitres que vive del trabajo y de la buena naturaleza del resto del mundo.”

Los judíos, explicó, “están firmemente convencidos de que eventualmente heredarán la tierra”, y se consideran sus “amos naturales”. “Era prácticamente una obligación moral por parte de cada judío concienzudo el engañar y estafar al no-judío dondequiera y cuando sea posible.”

Leolom Tickah (“siempre tomar”) es el camino y el lema del judío, según Roth. “Cuando el no-judío había sido engañado, el negocio era bueno”, escribió. “Cuando el judío [y el no-judío] habían salido como iguales, el negocio era muy, muy malo.”

“A los pequeños judíos”, continuó, se les enseña en la escuela hebrea que son “la sal de la tierra” y que todo en ella “les pertenece”; Que “como judío racial, aparte de todas las otras razas, está librando una antigua guerra contra sus vecinos”; Y que “realizar trabajo manual para el sustento propio, es el peor estado en que el joven judío puede caer, algo realmente vergonzoso y humillante.”

Afirmó que los judíos no habían hecho más que apuñalar a América, “la más paciente de las naciones occidentales”, en la espalda: “Hay sangre en el ojo del tío Sam, mientras mira al otro lado del cuadrilátero al tío Moisés, rechoncho y sonriente”.

“Es mi creencia honesta”, escribió, “que nada de lo que hace el judío en América es esencial para su bienestar. Por el contrario, una gran parte de lo que el judío estadounidense hace es subversivo a los mejores intereses de Estados Unidos.”

Irónicamente, Roth fue un ejemplo supremo de un judío “subversivo”, quien hizo un daño incalculable a través de su incesante insistencia en distribuir materiales obscenos y pornográficos. Esta aparente paradoja probablemente se explica por el hecho de que Roth realmente creía que estaba haciendo lo correcto luchando contra la censura, una especie de cruzada por la libertad.

Mientras era sujeto a un intenso interrogatorio por el Subcomité de Materiales Obscenos y Pornográficos del Senado en 1955 (ver parte 2) sobre la ética de involucrar a su esposa en su sucio negocio, gritó: “Lo único que puedo decirte es que teníamos razón.”

A juzgar por la transcripción, donde se puede leer que los funcionarios tenían que decirle que “se sentara”, debe haber sido una escena dramática. [3]

Roth testificando ante el Subcomité de Materiales Obscenos y Pornográficos de 1955.

Roth denunció Jews Must Live casi inmediatamente después de su publicación, y continúo siendo una mancha en su reputación y una vergüenza que se vio obligado a cargar por el resto de su vida. También sirvió para alejarlo aún más de la comunidad literaria judía y, como resultado, comenzó a publicar material obsceno, sensacional y pornográfico casi exclusivamente después de 1934.

Fue acusado nuevamente de esta actividad en 1935, por lo que fue absuelto; Y luego nuevamente en 1936, por lo que recibió 3 años de prisión, sirviendo hasta 1939; Y una vez más en 1942, por lo que recibió 2 años de libertad condicional.

Después de algunas escaramuzas más con la ley y las autoridades postales, Roth fue finalmente acusado de cuatro cargos de obscenidad, por lo que fue condenado a 5 años de prisión y una multa de 5.000 dólares, en 1956.

La carga provino de dos de las publicaciones de Roth: el periódico Good Times, y la revista estadounidense Aphrodite. Este último incluía una historia en la que un unicornio se arrodilla y bebe su propio semen después de haber sido masturbado por uno de los personajes. [4]

En apelación ante el Tribunal de Segundo Circuito de Nueva York, la decisión fue confirmada por todos los jueces. Sin embargo, un juez judío, aunque no discrepó, porque creía que no era su lugar el hacerlo como juez de un tribunal inferior, escribió una potente concurrencia en la que imploró a la Corte Suprema que finalmente considerara la cuestión de la obscenidad y estableciera un nuevo precedente nacional.

Jerome Frank

El juez, Jerome Frank, fuertemente influenciado por la escritura y la investigación de Morris Ernst y Alfred Kinsey, y un devoto de Freud (todos ellos discutidos más adelante en la parte 5), hizo un caso muy claro para la liberalización de las leyes de obscenidad. [5]

La opinión concurrente de Frank, que golpeó el mundo de la ley como un terremoto, puso de relieve muchas contradicciones y aparentes hipocresías en la regulación de la obscenidad – de la cual un astuto experto en derecho puede inevitablemente encontrar muchas. [6]

Gracias en gran medida a la opinión de Frank, la Corte Suprema estaba finalmente dispuesta a abordar el marasmo de la ley de obscenidad.

El primer caso que decidieron fue el de Butler v. Michigan, a principios de 1957, en el que cimentaron la decisión sobre Ulises como un precedente nacional. Esta decisión, como se discutió en la parte 1, alteró la “prueba” de obscenidad americana original -la prueba de Hicklin- de una que juzgaba un libro por el efecto que tendría en aquellos que eran “susceptibles” a la influencia inmoral (es decir, niños o pervertidos), a una que juzgaba su efecto en la persona “media” (lo que sea que eso significara).

El judío Felix Frankfurter, escribió sobre la decisión de la corte:

El Estado insiste en poner en cuarentena al público general de la lectura contra libros no demasiado fuertes para hombres y mujeres adultos con el fin de proteger la inocencia juvenil… Ciertamente, esto es quemar la casa para asar el cerdo. [7]

Sin embargo, Butler no era terriblemente significativo, ya que la decisión sobre Ulises ya había sido estándar en los tribunales inferiores durante muchos años.

Lo que los activistas en contra de la ley de la obscenidad estaban realmente clamando, era la cuestión de la constitucionalidad: ¿Es la obscenidad protegida por la Primera Enmienda, que dice que el gobierno no hará ninguna ley que “abreviara la libertad de expresión”, o no?

Felix Frankfurter

El caso de Roth, que vino después, abordó esta cuestión de frente. El veredicto: No, la obscenidad no está protegida por la Primera Enmienda (6-3 afirmada).

“Implícito en la historia de la Primera Enmienda está el rechazo a la obscenidad como totalmente irredimible y sin importancia social”, dice la decisión.

Roth, después de ponerse en contacto con el FBI y ofrecerse a ir encubierto a México e infiltrarse en el movimiento de expatriados izquierdistas como informante, en un último esfuerzo de evadir su sentencia, fue encarcelado y sirvió por los 5 años completos. [8]

Aunque el tribunal había declarado que la obscenidad no estaba protegida por la Primera Enmienda, la definición de lo que se consideraría obsceno se había ampliado considerablemente. Los materiales tendrían ahora que ser “totalmente irredimibles y sin importancia social” y pasar lo que se conoció como la prueba de Roth, que fue tan ridículamente enrevesada y descuidada, que dio a los abogados un margen de maniobra casi infinito:

Ya sea para la persona promedio, aplicando los estándares de la comunidad contemporánea, el tema dominante del material tomado en su conjunto apela a intereses lascivos.

¿Quién es la “persona promedio”? ¿Cómo se miden “los estándares de la comunidad contemporánea”? ¿Qué significa exactamente “tomado en conjunto”? ¿Cuánto no es necesario apelar a los “intereses lascivos” para que la lascivia no sea considerada el “tema dominante” de una obra? ¿De quién es el “interés lascivo”? ¿Cuánta “importancia social redimible” se necesita para salvar una obra? ¿La opinión de quien se usa como guía?

Etc., etc., ad infinitum.

Por esta razón Roth v. Estados Unidos fue – y sigue siendo – la decisión más importante en la historia de la ley de obscenidad americana.

Mientras estaba en prisión, Roth escribió su último libro, My Friend Yeshua. Había experimentado alucinaciones vividas a lo largo de su vida, comenzando cuando vio una “bestia” que se levantaba de un arroyo, cuando era un niño pequeño en el shtetl. [9]

Roth afirmó que había hablado con Yeshua (Jesús) por lo menos en cuatro ocasiones diferentes, y My Friend Yeshua fue su intento de reconciliar a judíos y gentiles, que él vio como la única manera de acabar con el antisemitismo y su eterno conflicto.

“Si no yo, ¿quién?”, diría Roth, grandiosamente.

“Todas las diferencias entre los judíos y sus perseguidores deben ser abolidas”, según le habría dicho Yeshua durante una visión. [10]

Al momento en que Roth fue puesto en libertad en 1961, lo que ahora se consideraba aceptable hizo que lo que había publicado parecía Plaza Sésamo, en gran parte debido a su caso.

Paradójicamente, el precedente establecido por la decisión durante el juicio de Roth habría dictado que el material en cuestión, en el propio caso de Roth, no era en realidad obsceno legalmente, porque podría haberse demostrado tener “importancia social redimible”, pero dado que la defensa de Roth se argumentó estrictamente por razones constitucionales, igualmente fue condenado.

“SOLO YO NO ME BENEFICIÉ DE LA DECISIÓN EN MI CASO”, lamentó (énfasis suyo). [11]

En última instancia, estaba satisfecho con el resultado, ahora podía verse a sí mismo como un mártir por el bien mayor.

“Por muy poco que haya logrado para mí, he ganado la mayor victoria contra la censura de libros en los tiempos modernos”, escribió, volviendo a aparecer su grandiosidad, mientras continuaba: “No me quejo. Me tomó sólo diez años de mi vida aliviar las leyes de mi país hacia los órganos más tiernos de su literatura. Dije: “Dejemos vivir a nuestros libros, y ahora viven”.

En la parte 4, examinaremos las decisiones entre los años 1959 y 1967, que fueron influenciadas directamente por Roth, antes de examinar las condiciones culturales que crearon el ambiente en el que estas decisiones pudieron tener lugar, en las partes 5, 6, y 7.

Notas

  1. Jay Gertzman, Samuel Roth: Infamous Modernist, 2013, p.264
  2. Samuel Roth, Jews Must Live: An Account of the Persecution of the World by Israel on All the Frontiers of Civilization, 1934, p.177-178, nota a pie de página: “La próxima vez que leas acerca de un pogromo particularmente sangriento y hagas una pausa para preguntarte cómo los cristianos, dedicados a una religión de misericordia, pueden ejercer tanta brutalidad contra los judíos, recuerda que el judío agota toda la misericordia de sus vecinos en el curso ordinario de negocio. El judío miente y engaña hasta que es atrapado. Cuando es atrapado, en lugar de aceptar su castigo, gime y se rasga el pelo, invoca el sufrimiento de sus antepasados en sus tumbas y las relaciones de vida en su lecho de muerte en los hospitales, hasta que el no-judío agraviado y con náuseas, lo deja ir. Luego, moviendo la nariz al gentil detrás de su espalda, el judío se ocupa de su negocio de la misma manera, miente y engaña ahora el doble, para compensar el tiempo perdido. Un pogromo es usualmente el clímax de años de tal agitación incansable. ¿Te sorprende que cuando el juicio final llegue, el gentil sea absolutamente despiadado?”
  3. Juvenile Delinquency: Obscene and Pornographic Materials, 1955, p.203
  4. Edward de Grazia, Girls Lean Back Everywhere: The Law of Obscenity and the Assault on Genius1992, p.283
  5. Leigh Ann Wheeler, How Sex Became a Civil Liberty, 2012, p.70
  6. United States v. Roth, 237 F.2d 796 (2d Cir. 1956)
  7. Butler v. Michigan, 352 U.S. 380 (1957)
  8. Whitney Strub, Obscenity Rules: Roth v. United States and the Long Struggle Over Sexual Expression, 2013, p.180
  9. Jay Gertzman, “The Strange Case of Samuel Roth: A Demon in Galicia, Its Exorcism, and What Happened After,” The Jewish Magazine, Abril, 2009, Passover Edition
  10. Gertzman, p.16
  11. Strub, p.182
  12. Gertzman, p.264
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