El judío como adversario en la batalla por la obscenidad, la pornografía y la moralidad sexual – Parte 2: El gran temor sobre los cómics

Herrwolf
Daily Stormer
27 julio, 2017

Parte 1

“Aquellos que se dan cuenta, saben que los judíos crearon la industria del cómic desde cero” – Arie Kaplan [1]

La industria del cómic en su forma moderna fue creada por el judío Max Gaines (nacido Ginzberg), en 1933. Gaines había estado leyendo algunas historietas en los periódicos cuando decidió que empaquetarlas en forma de libro, podría ser un proyecto rentable.

La industria del cómic ha sido casi enteramente judía desde entonces.

A lo largo del resto de los años 30 y en los 40, los cómics se volvieron cada vez más extremos, como es típico del comportamiento judío en cualquier industria cuando no se controla (la República de Weimar y la época pre-code de Hollywood nos proveen de pruebas recientes), y también debido al hecho de que las personas se sienten naturalmente atraídas por temas tabúes.

El factor tabú causó un impulso competitivo para que los editores de cómics continuaran empujando el límite, ya que aquellos que lo hacían generalmente obtuvieron un número de lectores mucho mayor que aquellos que trataron de mantenerlo relativamente limpio.

La alarma pública sobre los cómics creció con el tiempo debido a esto. La primera atención significativa a nivel nacional que se enfocó sobre el potencial efecto dañino de los cómics sobre los niños fue un artículo de 1940, escrito por Sterling North, en el que caracterizó a los cómics como “hongos venenosos” que corrompían y embrutecían a la juventud de la nación.

Años más tarde, con un extraño sincronismo, el 29 de marzo de 1948 – el mismo día de la decisión de Winters v. New York de la Corte Suprema (ver parte 1) – un influyente artículo titulado ‘Puddles of Blood’, que informó sobre una supuesta investigación científica sobre los peligros de los cómics, fue publicado en la revista Time.

Este artículo, y otros similares, publicados en revistas tan populares como el Saturday Review of Literature, Reader’s Digest y Ladie’s Home Journal, crearon mucha preocupación pública y numerosos intentos de aprobar leyes anti-cómics en todo el país, los cuales fueron frustrados por el precedente de Winters v. New York.

El profundo impacto de estos artículos se debió a la aparente credibilidad del hombre detrás de los mismos: el famoso psiquiatra judío, Dr. Fredric Wertham, quien promovió la teoría de que los cómics eran una influencia corruptora que podía llevar a los jóvenes hacia el crimen y la perversión sexual.

Dr. Fredric Wertham

Fredric Wertham, nacido Friedrich Wertheimer en Alemania en 1895, fue un psicoanalista freudiano, psiquiatra y teórico crítico de la variedad de la Escuela de Frankfurt (más sobre esto en la parte 5). [2]

Wertham era un personaje interesante. Hoy sería conocido como un Justiciero Social, ya que su principal preocupación era encontrar maneras de excusar los niveles desproporcionados de crímenes cometidos por no-blancos en comparación con los blancos, como el “racismo institucional”.

Wertham fue tremendamente influyente en este sentido, hasta el punto que sus escritos, sobre los supuestos efectos perjudiciales de la segregación racial, fueron citados como autoritarios en la infame decisión de la Corte durante el Caso Brown contra Consejo de Educación, que elimino a la fuerza la segregación racial en las escuelas norteamericanas. Esta también es obviamente su razón detrás de sus ataques a los cómics, sin embargo, esto es pasado por alto por los historiadores, o simplemente no se menciona debido a la corrección política.

En 1946, abrió la primera clínica psiquiátrica específicamente diseñada para ayudar a los negros de escasos recursos en Harlem, Nueva York, donde, en ese momento, el 98% de la población negra, a pesar de constituir sólo el 3% del total de Nueva York, era responsable de más del 50% de sus casos de delincuencia juvenil. [3]

Allí Wertham empleó a un personal multiétnico cuyo “criterio principal para el empleo era una suscripción a la idea del ‘universalismo’”, es decir, la creencia de que las razas no existen, y que todo el mundo nace igual, como una “pizarra en blanco”, para luego ser moldeados por sus circunstancias circundantes. [4]

Al igual que muchos de los tipos de justiciero sociales, Wertham no dejaba pasar oportunidades de utilizar métodos descaradamente deshonestos para lograr sus nociones preconcebidas (la totalidad de las cuales sólo está emergiendo recientemente desde la liberación de sus archivos en 2010) [5] La revista Collier publicó un artículo sobre Wertham titulado “Horror in the Nursery”.

“Extrañamente”, David Hajdu escribió en su libro The Ten-Cent Plague: The Great Comic Book Scare and How it Changed America, “[“Horror in the Nursery”]” nunca mencionó que la localización del sitio de investigación de Wertham fue Harlem.” En su lugar, Hadju escribió, evocó

Asociaciones con el anglicanismo WASPy [blancos ricos y poderosos] sin un indicio de en qué lugar de la ciudad se encontraba la Clínica Lafargue. El texto nunca mencionó la cultura negra, ni la raza ni la etnicidad en ningún contexto; Y todos los niños en las fotografías, que fueron escenificadas, eran de niños blancos. [6]

Los escritos de Wertham contra los cómics estaban llenos de muchas afirmaciones extrañas e indignantes, tales como que Superman -un personaje creado por judíos y simbólicamente modelado en la experiencia judía como una raza extranjera que tiene que mezclarse entre los gentiles- era un nazi y un fascista. Sin embargo, las personas estaban listas para que un profesional les dijera lo que habían estado sospechando sobre los cómics durante algún tiempo, así que las teorías de Wertham obtuvieron mucha tracción, y se convirtió en la figura principal de la cruzada anti-cómics.

Imagen de “Horror in the Nursery” que representa a los niños como blancos, a pesar de que la clínica de Wertham estaba en Harlem, Nueva York, que era 98% negra.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el público estadounidense estaba buscando razones para explicar por qué la delincuencia juvenil estaba en aumento. La idea de que la raza y la genética desempeñan un papel importante en el comportamiento de una persona estaba fuera de moda debido a su asociación con los nazis, con los que Estados Unidos y gran parte del mundo acababan de estar en guerra, y el ascenso simultáneo de la “antropología cultural”, la cual afirma que la raza no es más que el color de la piel, una “construcción social”.

Franz Boas, el popularizador de la “antropología cultural”, fue otro judío nacido en Alemania que falsificó datos para reforzar una agenda antirracista, impulsado por el temor, no infundado, de que la antropología física y la ciencia racial, que habían estado floreciendo en los años 20 y 30, conduciría al aumento del antisemitismo. [7]

Así, con la raza y la genética efectivamente excluidas como una explicación de la delincuencia juvenil, los sociólogos se vieron obligados a buscar otras teorías (mala crianza, discriminación, condiciones sociales pobres, etc.) para explicar su aumento. Wertham y otros culparon a los cómics, y los padres escucharon.

El artículo de 1953, titulado “What Parents Don’t Know About Comic Books”, que incluía extractos del libro de Wertham, Seduction of the Innocent, sobre los peligros de los cómics, causó un gran revuelo. Esto provocó que el Subcomité del Senado sobre Delincuencia Juvenil, que se había formado alrededor de esa misma época, iniciara una investigación a gran escala sobre los cómics y la industria del cómic.

Durante tres días en abril y junio de 1954, el Subcomité del Senado celebró audiencias sobre los cómics que fueron transmitidos en vivo por televisión. El único editor de cómics que testificó fue el excéntrico judío William Gaines, que había heredado EC Cómics de su padre fallecido, el mencionado inventor del cómic moderno Max Gaines. Gaines fue el segundo en testificar, seguido por Wertham, y lo que dijo sacudió para siempre, y hasta su núcleo, a la industria del cómic.

El comportamiento de Gaines fue desafiante. En lugar de tratar de crear un caso positivo para su industria con el fin de convencer al público de que no eran tan malos, se comportó con una arrogancia imprudente – chutzpah, como lo llaman los judíos.

“Publico cómics de terror”, se jactaba ante el comité. “Yo fui el primer editor en estos Estados Unidos en publicar cómics de terror. Soy responsable, yo los comencé.”

“A algunos puede no gustarles” continuó. “Eso es una cuestión de gusto personal. Sería igualmente difícil explicar la inofensiva emoción de una historia de horror a un Dr. Wertham, como explicar la sublimidad del amor a una vieja y frígida criada.” [8]

William Gaines

La mayoría de los interrogatorios tenían como objetivo resolver si los cómics podrían o no tener una influencia negativa en sus jóvenes lectores, y Gaines cayo directamente en la trampa. Admitió que utilizó los cómics deliberadamente para combatir el racismo y el antisemitismo, y esta noción fue inmediatamente aprovechada por su evidente implicación: si los cómics podían afectar el proceso de pensamiento de los niños de una manera positiva (el lavarle el cerebro a los niños para que no fueran antisemitas era comprensiblemente visto como algo positivo por Gaines), entonces ¿por qué no podrían, con la misma facilidad, afectar a los niños negativamente?

Sr. BEASER:… Usted usó las páginas de su cómic para enviar un mensaje, en este caso contra el prejuicio racial; ¿cierto?”

Sr. GAINES: Eso es correcto.

Sr. BEASER: Usted cree, por lo tanto, que puede transmitir un mensaje a los niños a través de su revista que disminuiría los prejuicios raciales; ¿cierto?

Sr. GAINES: Con un esfuerzo específico y detallándolo con mucho cuidado para que el mensaje no pase por alto a ninguno de los lectores, y lamento admitir que todavía a algunos lectores le pasa por alto, así como al Dr. Wertham -hemos, creo , logrado cierto grado de éxito en la lucha contra el antisemitismo, el sentimiento anti-negro, etc.

Sr. BEASER: Sin embargo, ¿por qué dice que no puede, al mismo tiempo y de la misma manera, usar las páginas de su revista para enviar un mensaje que afectaría negativamente a los niños, es decir, que tendría un efecto sobre ellos que los llevaría a cometer estos actos de violencia o sadismo, o lo que sea que represente en la misma?

Sr. GAINES: Porque no se les da ningún mensaje. En otras palabras, cuando escribimos una historia con un mensaje, está escrito deliberadamente de tal manera que el mensaje, como se quiere enviar, sea detallado cuidadosamente en las leyendas.

El intercambio que realmente causo daño a Gaines, y por extensión a toda la industria del cómic, fue el siguiente:

Sr. BEASER: ¿No habría ningún límite en realidad a lo que usted pone en las revistas?

Sr. GAINES: Sólo dentro de los límites del buen gusto.

Sr. BEASER: ¿Su propio buen gusto?

Sr. GAINES: Sí.

Senador KEFAUVER: Aquí tenemos su edición del 22 de mayo. Esto parece ser un hombre con un hacha sangrienta sosteniendo la cabeza de una mujer que ha sido cortada de su cuerpo. ¿Crees que esto es buen gusto?

Sr. GAINES: Sí señor; así es, para la portada de un cómic de terror. Una cubierta de mal gusto, por ejemplo, podría definirse como el sostener la cabeza un poco más alto para que el cuello se pueda ver goteando sangre, y el cuerpo un poco más dentro del marco para que el cuello sangriento del cuerpo pudiera ser visto.

Senador KEFAUVER: Tiene sangre saliendo de su boca.

Sr. GAINES: Un poco.

Senador KEFAUVER: Aquí hay sangre en el hacha. Creo que la mayoría de los adultos están sorprendidos por eso.

Director: Aquí hay otro que quiero mostrarle.

Senador KEFAUVER: Este es de julio. Parece ser un hombre con una mujer en un barco y él la está ahorcando hasta la muerte aquí con una palanca. ¿Eso es de buen gusto?

Sr. GAINES: Yo creo que sí. [9]

Ese último intercambio fue esparcido por todos los titulares y artículos de todo el país al día siguiente. Los padres estaban obviamente conmocionados y horrorizados de que Gaines, un hombre influyente de la industria que vendía productos a sus hijos, simplemente decía con indiferencia que una sangrienta cabeza cortada, y una mujer siendo ahorcada con una palanca, eran de “buen gusto”.

Después de esto, la industria del cómic rápidamente convocó una reunión y creo un auto-impuesto código regulatorio, basado en el Código Hays de Hollywood (Más sobre esto en la parte 8), para evitar la legislación anti-cómics que ahora inevitablemente sería pasada en contra de ellos.

La Comics Magazine Association of America (CMAA), que se había formado el 7 de septiembre de 1954, ideó un “Código de Cómics”, y posteriormente todos los cómics tuvieron que ser examinados por esta autoridad para recibir un “sello de aprobación”, o caso contrario, serian rechazados por los vendedores. Todos los títulos de EC Comics de Gaines fueron recogidos, excepto, irónicamente, el más extremo de todos: el infame MAD, que Gaines hábilmente convirtió en una revista para esquivar la regulación del código.

MAD fue creado inicialmente por Harvey Kurtzman, nacido y criado por comunistas judíos (un “bebé de pañales rojos”). Era -y continua siendo- para todos los intentos y propósitos, intencionalmente ofensiva, humor escatológico judío. Un artículo publicado en Haaretz en 2013, se jacta de que MAD “era humor en una vena judía” y que “The Joys of Yiddish de Leo Rosten era un texto de acompañamiento obligatorio” para los lectores gentiles. [10]

El contenido de la revista MAD es una burla judía de la cultura gentil estadounidense. El personal de MAD era siempre “anti-padres”, y por lo tanto tenía como una agenda abierta el poner a los niños en contra de sus padres utilizando, como dijo un periodista, “la exposición incesante de la deshonestidad de los padres”. [11]

Peter Kuper, un dibujante judío que trabajó en MAD, dijo sobre la controversia alrededor de EC Comics: “Es increíblemente irónico que el Comité de Actividades Anti-americanas de la Cámara que atacó a EC [Comics] y esencialmente los dejó fuera por su naturaleza subversiva, les dejara una sola cosa en pie, y eso fue MAD Magazine, que en última instancia fue lo más subversivo que jamás produjeron”. [12]

Aproximadamente dos meses después de las audiencias del Subcomité del Senado, y un mes antes de la implementación del “Código de Cómics”, el 16 de agosto de 1954, ocurrió un horrible y extraño incidente que parecía validar las aseveraciones de Wertham: un vagabundo apareció muerto en las costas de Nueva York, asesinado por una banda de cuatro adolescentes, más tarde llamado los Brooklyn Thrill-Killers, que habían estado andado por las calles durante algún tiempo, atacando y torturando sádicamente a personas inocentes al azar.

Mariah Adin, en los años 50, escribió en su libro The Brooklyn Thrill-Kill Gang and the Great Comic Book Scare que la,

Ola de crímenes venía directamente de las páginas de los cómics: En algunas víctimas probaron su fuerza, convirtiéndolas en sacos de boxeo humanos. Otros fueron torturados, sus brazos o piernas envueltos en trapos empapados de keroseno antes de que uno de los chicos les prendiera fuego con un fósforo. Algunas noches el grupo buscaba a mujeres jóvenes en parques públicos, tanteando sus senos expuestos después de haber sido despojadas y azotadas -un “juego popular para niños”, los chicos se burlaban. Pero su último crimen, el fatídico verano de 1954, llamado “aventura suprema” por el líder de la banda, daría lugar a que la policía tuviera que sacar a rastras el cuerpo de un negro de edad media de las oscuras profundidades del Río Este. [13]

Wertham fue a entrevistar a Koslow después de su captura y durante su charla se reveló que Koslow fue fuertemente influenciado por una serie de cómicos clandestinos sado-masoquistas llamados, Nights of Horror, y literalmente emulaba lo que veía en ellos.

Jack se excitaba sexualmente por los “azotes” en los cómics, y ocasionalmente se disfrazaba de mujer y se auto flagelaba, antes de empezar a azotar a mujeres reales que encontraba a solas durante la noche en la ciudad de Nueva York. Se vestía como un vampiro, como un personaje de Nights of Horror, antes de salir en sus sádicas excursiones de azotes, y usó un látigo que ordenó de un anuncio en la contraportada de un cómic. [14]

Décadas más tarde, el autor Craig Yoe, revelo que el hombre detrás de la brutal obra pornográfica, Nights of Horror,  no era otro que Joe Shuster, co-creador de uno de los iconos culturales más queridos en Norteamérica: Superman. [15]

Superman fue publicado por primera vez por la National Allied Publications (que más tarde se convertiría en DC), propiedad de Harry Donenfeld, un inmigrante judío que había sido un pornógrafo en los años 20 y 30 antes de entrar a la industria de los cómics.

Donenfeld fue uno de los judíos que lideró el camino hacia los cómics cada vez más extremos a finales de los años 30 y 40, con títulos como Spicy Detective, Spicy Western y Spicy Adventure, atrayendo la ira de la NYSSV y la National Organisation of Decent Literature, que describió a sus cómics como “totalmente depravados y lascivos, y sin duda una de las plagas más mortales que alguna vez haya amenazado la vida moral de una nación”. [16]

El auto impuesto código de cómics, domesticó a los mismos en gran medida y efectivamente alejo la atención significativamente de estos, y hacia lo que ahora era visto como la mayor amenaza para la juventud y la moralidad de la nación: la pornografía.

“Sólo cuando el pánico sobre los cómics retrocedió, la pornografía se elevó en perfil público para reemplazarla”, escribió Whitney Strub, en Perversion for Profit. [17]

El impacto fue instantáneo, el Comité Conjunto Legislativo de Cómics de Nueva York repentinamente se reinventó como el Comité Legislativo Conjunto sobre Material Obsceno, mientras que la revista católica de américa cambió abruptamente los engranajes de los cómics hacia la pornografía. [18]

El Subcomité Senatorial de Delincuencia Juvenil organizó una nueva serie de audiencias que se celebraron en mayo y junio de 1955, esta vez sobre el tema de “materiales obscenos y pornográficos”. Todos aquellos citados a la audiencia por estar involucrados en la pornografía, así como como sus abogados, eran judíos, excluyendo a un italiano, Eugene Maletta, quien era simplemente el encargado de imprimir las series de Nights of Horror. [19]

Los dos pornógrafos judíos más conocidos llamados ante el comité fueron, Eddie Mishkin y Samuel Roth. Mishkin fue el distribuidor de la serie Nights of Horror, así como un vendedor ambulante del más repugnante tipo de pornografía. Finalmente fue acusado años más tarde, y cuando la Corte Suprema confirmó su condena, citó a un ex empleado suyo que testificó que Mishkin exigía que sus autores hicieran libros

Llenos de escenas de sexo y escenas de lesbianas… [El] sexo tenía que ser muy fuerte, tenía que ser rudo, tenía que ser claramente explicito… Tuve que escribir sobre sexo muy bruscamente, hacer que las escenas de sexo fueran muy fuertes… Las escenas de sexo tenían que ser escenas de sexo inusuales entre hombres y mujeres, y mujeres y mujeres, y hombres y hombres… Él quería escenas en las que las mujeres estaban haciendo el amor con las mujeres… Él quería escenas de sexo… en la que había escenas de lesbianas. No las llamó lesbianas, pero describió a mujeres haciendo el amor con mujeres y hombres… haciendo el amor con los hombres, y había azotes – sexo de una manera anormal e irregular. [20]

Todos los pornógrafos invocaron la Quinta Enmienda ante el subcomité, por consejo de su abogado, excepto por el obstinado Samuel Roth. Dos años más tarde, en 1957, Roth sería el acusado en el caso de obscenidad de la Suprema Corte que más sacudiría la Tierra en la historia de los Estados Unidos: Roth v. United States.

En la parte 3 exploraremos el caso de Roth v. United States, antes de entrar en las decisiones más importantes que fueron influenciadas por esta, y cómo abrieron las compuertas a la pornografía, en la parte 4.

Notas

  1. Arie Kaplan, From Krakow to Krypton: Jews and Comic Books, 2008, p.XIV
  2. Amy Nyberg, Seal of Approval: The History of the Comics Code, 1998, p.86
  3. Bart Beaty, Fredric Wertham and the Critique of Mass Culture, 2005, p.90
  4. Mariah Adin, The Brooklyn Thrill-Kill Gang and the Great Comic Book Scare of the 1950s, 2014, p.67
  5. Carol L. Tilley, “Seducing the Innocent: Fredric Wertham and the Falsifications That Helped Condemn Comics,” Information & Culture: A Journal of History, Volumen 47, #4, 2012. Disponible electrónicamente a través de Project Muse (DOI: 10.1353/lac.2012.0024)
  6. David Hajdu, The Ten-Cent Plague: The Great Comic Book Scare and How it Changed America, 1999, p.101-102
  7. Por ejemplo, Kevin MacDonald, The Culture of Critique: An Evolutionary Analysis of Jewish Involvement in Twentieth-Century Intellectual and Political Movements, 1998. Capítulo 2.
  8. United States Subcommittee on Juvenile Delinquency Hearings on Comic-Books, Transcripción, p.98
  9. Ibid. p.103
  10. Nathan Abrams, “You Don’t Have to be Jewish to Be Mad … but It Helps,” Haaretz, Noviembre 13, 2013
  11. Stanley Rothman & Robert Lichter, Roots of Radicalism: Jews, Christians, and the Left, 1996, p.108; y Hadju, p.34
  12. Kaplan, p.77
  13. Adin, p.1
  14. Ibid, p.71
  15. Craig Yoe, Secret Identity: The Fetish Art of Superman’s Co-creator Joe Shuster, 2009
  16. Ibid, p.11
  17. Whitney Strub, Perversion for Profit: The Politics of Pornography and the Rise of the New Right, 2011, p.22
  18. Ibid., p.25
  19. Los citados fueron: Samuel Roth, Edward Mishkin, Eugene Maletta David S. Alberts, Abraham Rubin, Louis Shomer, Arthur Herman Sobel, Irving Klaw, Abe Rotto; Counsel: H. Robert Levine, Daniel Weiss, Stanley Fleishman, Coleman Gangel, Leon Lazer, Jacob Rachstein, Morris Bohrar.
  20. Mishkin v. New York, 383 U.S. 502, Marzo 21, 1966 (Elipses en original).
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